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Subiendo por la “escalera del riesgo”

Las considerables subidas registradas por la mayoría de los activos de riesgo durante los últimos tres meses han coincidido con fuertes señales de un giro en el planteamiento de las autoridades globales, que parecen más orientadas hacia la estimulación del crecimiento que hacia la lucha contra la inflación.

Desde el compromiso de Mario Draghi a “hacer lo que haga falta” para salvar al euro, hasta las nuevas rondas de QE por parte de la Reserva Federal y el Banco de Japón, pasando por las medidas de China para elevar el gasto en infraestructuras, parece existir un consenso generalizado sobre la necesidad de actuar para fomentar el crecimiento. Este giro ha venido acompañado de medidas de relajación monetaria en todo el mundo, con recortes de la tasas de préstamo en Brasil, Australia, Corea del Sur y Suecia, entre otros países.

Estos desarrollos reflejan claramente el descenso de las presiones inflacionarias desde que comenzara el año y la marcada caída de los principales índices de precios (ver gráfico). Aunque sigue habiendo preocupación (como las señales de encarecimiento alimentario y problemas en el mercado inmobiliario en China), los mercados han reaccionado de forma eminentemente positiva ante las tendencias desinflacionarias y la mayor libertad que parecen haber concedido a los bancos centrales para estimular el crecimiento económico.

Valoraciones

En términos de valoración, poco ha cambiado pese al buen comportamiento de los activos de riesgo. La brecha entre muchos mercados de renta variable y las rentabilidades de la renta fija soberana occidental permanecen en extremos históricos (ver gráfico), y los bonos estadounidenses, alemanes y británicos continúan ofreciendo rentabilidades reales negativas. De cara al futuro, estas señales de valoración constituyen un buen augurio para ciertos mercados diversificados de renta variable.

Una tendencia interesante en la evolución de las cotizaciones es que, aparentemente, los inversores han “subido por la escalera del riesgo” en lo que llevamos de año. Con el descenso de las rentabilidades de la deuda soberana occidental a corto y a medio plazo, provocado por una combinación de aversión al riesgo y quantitative easing (QE) en Occidente, los periodos en que ha vuelto el apetito de riesgo han llevado a los inversores a subir un peldaño y volcarse en “el siguiente activo más seguro”. Inicialmente, dichos activos parecen haber sido la deuda soberana de mayor duración y el crédito con grado de inversión, seguidos de los bonos soberanos de mercados emergentes, y a continuación por el crédito high yield; en los mercados de renta variable, esta distinción se ve reflejada por el diferencial de rentabilidad de las acciones “de calidad” y con dividendo respecto a las compañías más cíclicas.

La persistencia o no de esta tendencia podría tener implicaciones importantes para las oportunidades que puedan surgir en adelante, tanto entre clases de activo como dentro de cada una de ellas.

Panorama

El entorno económico es todavía dispar. Los datos procedentes de Estados Unidos continúan esbozando una recuperación lenta y ardua; las últimas cifras del sector de la vivienda han sido alentadoras, pero la producción manufacturera se ha deteriorado. Los datos siguen siendo débiles en Europa, mientras que China muestra nuevas señales de ralentización, que han llevado al Fondo Monetario Internacional (FMI) a revisar a la baja su pronóstico de crecimiento.

Los beneficios corporativos también han perdido fuerza últimamente, aunque el grado de recuperación desde 2008 es aún sorprendentemente sólido. A este respecto, las señales de valoración continúan sugiriendo un margen de seguridad significativo a medio plazo.

Una serie de factores podrían ser fuente de volatilidad a corto plazo durante los próximos meses, entre ellos la sensibilidad todavía elevada a cuestiones políticas, problemas potenciales como las elecciones y el “precipicio fiscal” en Estados Unidos, la respuesta de España e Italia a la condicionalidad del programa de apoyo del BCE y una amplia gama de posibles desarrollos que ni siquiera se consideran actualmente. En este contexto, un despliegue adecuado del capital y la capacidad de explotar las oportunidades que podría crear dicha volatilidad seguirán siendo aspectos importantes.

Pese a todo, en lo que llevamos de año, una estrategia tradicional buy and hold habría conducido a rentabilidades positivas en la mayoría de las clases de activo, aun teniendo en cuenta la volatilidad por motivos políticos de la que hemos sido testigos. Mantener la objetividad ante los hechos y no sucumbir a las interferencias del mercado serán aspectos igualmente importantes.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.