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Un verano plagado de acontecimientos… ¿y qué?

La economía británica ha generado datos más sólidos en las últimas semanas. Los medios de comunicación se han hecho eco de esta fortaleza renovada, augurando la llegada de una exposición más sostenida y elevando aparentemente las expectativas de crecimiento generalizado del PIB del Reino Unido, incluidas las del Banco de Inglaterra.

Meros meses después de que los temores de un “triple-dip” dominaran los pronósticos, quizá esté justificado cierto escepticismo sobre un repunte como este. Sin embargo, en el contexto del panorama de crecimiento global, los últimos datos procedentes del Reino Unido encajan con la mejora generalizada experimentada durante los meses centrales del presente año.

La última vez que los índices de directores de compras (PMI, mostrados a continuación) superaban los 50 puntos en las principales regiones fue en junio de 2011.

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En retrospectiva, vemos que la expansión sincronizada de 2011 no fue duradera (tanto en los PMI como en los precios/creencias del mercado), al pasar varios acontecimientos a un primer plano: problemas estructurales en la eurozona (deuda soberana, etc.), malestar en Oriente Medio, aumento percibido del riesgo de recesión global, y nuevas medidas monetarias experimentales, que conllevaron rachas alternas de alivio y ansiedad.

En última instancia, los datos macroeconómicos han mostrado pocas sorpresas durante el periodo, esbozando un trasfondo de crecimiento mediocre, con economías más débiles (periferia de la eurozona) y economías más sólidas (Estados Unidos). Por su parte, el sector corporativo ha seguido beneficiándose del crecimiento existente en mayor medida que los hogares. Este punto es crítico en lo que respecta a la probabilidad de inflación (baja) y al atractivo de la renta variable como posible inversión (alta).

El grado de relevancia de estas observaciones para nuestra decisión de asignación de activos globales depende de cómo queda reflejado este cambio en los hechos (mejora del crecimiento) en el precio de los activos.

En los mercados de renta variable, Estados Unidos ha seguido superando con creces al resto de países: el índice S&P ha ganado un 30% desde junio de 2011. Los beneficios de las compañías estadounidenses también han crecido, pero no tanto. Con todo, nuestra medida de la rentabilidad del beneficio en dicho país ha caído del 9% al 6,5% durante este periodo. Ello representa una rentabilidad a largo plazo todavía atractiva, a la que queremos mantener una exposición significativa.

Al mismo tiempo, el mercado se ha mostrado menos entusiasta por la renta variable de los mercados emergentes. Las acciones chinas han caído un 24%, lo cual ha elevado su rentabilidad por beneficio (earnings yield) del 14% al 16%, ya que los beneficios han seguido creciendo a un ritmo razonable; sin embargo, las mayores dudas en torno a la “calidad de” dichas cifras quizá les aporta cierta prima de riesgo. Teniendo esto en cuenta, Corea del Sur nos parece un ejemplo más atractivo en la región; el índice KOSPI ha caído un 14% en los dos años transcurridos desde mediados de 2011, pero ha dibujado una trayectoria más volátil que muchos mercados. Frente a este trasfondo, los beneficios de las compañías coreanas han hecho gala de buen comportamiento, lo cual ha elevado la rentabilidad por beneficio en este mercado del 11,5% de junio de 2011 al 12% actual. En un entorno de expansión económica global y una política de tipos de interés acomodaticia, una rentabilidad real a largo plazo del 12% es sin duda muy atractiva, y en nuestra opinión, no tardará en verse erosionada por subidas de precios (potencialmente considerables).

No obstante, la comparación más interesante entre junio de 2011 y hoy en día quizá sea el comportamiento de los mercados de renta fija. Indudablemente, las rentabilidades actuales son más bajas que hace dos años: la del bono del Tesoro estadounidense a 30 años es del 3,7%, frente al 4,25% entonces. Dicho esto, se ha producido un giro significativo en la respuesta del mercado ante la mejora de los datos sobre la economía global: la renta fija ha sufrido una fuerte caída en los últimos meses (tal como muestra la línea discontinua azul en el gráfico), comparable a la experimentada durante las fases bajistas de 1994 y 2003. Ello ha llevado a economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York a escribir un blog al respecto.

Tal como ya dijimos en posts previos, creemos que el trasfondo de crecimiento y de inflación no justifica una rotación hacia mayores rentabilidades (especialmente en los mercados desarrollados); en términos de clases de activo, la renta variable todavía ofrece rentabilidades potenciales superiores a las de la mayoría de los bonos. Sin embargo, con la reciente evolución de los mercados, la oportunidad de mejorar la diversificación potencial disponible para una cartera multi-activos también parece atractiva.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.