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No es cosa de risa: cuando los datos positivos son negativos

En 1981, la revista The New Yorker publicó una viñeta en la que un hombre escuchaba perplejo a un presentador de noticias que intentaba explicar la evolución de los mercados financieros con el siguiente argumento circular:

“Hoy, en Wall Street, la noticia del recorte de los tipos de interés provocó un alza del mercado, pero la posterior expectativa del impacto inflacionista de este nivel de tipos propició un bajón, aunque el mercado volvió a repuntar al interpretar que los tipos bajos podrían impulsar a la aletargada economía, antes de bajar nuevamente ante los temores de que el sobrecalentamiento de la economía se traduzca en un nuevo incremento de los tipos de interés”

Aunque hoy en día el texto sería ligeramente distinto, los mercados financieros continúan experimentando periodos de volatilidad capaces de generar una confusión similar tanto en los espectadores como en los propios participantes del mercado.

Casualmente, 1981 también fue el año en que Robert Shiller expuso por primera vez la idea de que los mercados exhibían demasiada volatilidad como para que su evolución pudiera explicarse simplemente por cambios reales en los datos. En la actualidad, creemos entender mejor por qué ocurre este exceso de volatilidad, y muchos creen (como nosotros) que las emociones humanas pueden ser un factor de peso. No obstante, este conocimiento no facilita la tarea de predecir los movimientos de precios.

Tomemos, por ejemplo, la confusión en torno a la retirada gradual de las medidas no convencionales de estímulo de la Fed, o tapering. En mayo, limitándose a recordarle al mercado que la política monetaria acomodaticia no sería eterna, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke, provocó una violenta reacción en los mercados. Los bonos del Tesoro a 30 años acusaron retrocesos comparables a los de 2003 y 1994, mientras que los mercados emergentes también fueron presa del pánico.

Tras los comentarios de Bernanke, los mercados han vacilado en uno u otro sentido, como en la viñeta del New Yorker. ¿Son positivos los datos de creación de empleo en Estados Unidos? ¿O acaso implican que ha aumentado la probabilidad de que la Fed elimine los estímulos que han venido apuntalando a la economía (y a los precios de los activos) hasta la fecha? ¿Cuánto “tapering” es demasiado? ¿Y qué opina el resto del mercado al respecto?

Hace unos días, la Fed volvió a sorprender a propios y extraños al afirmar que nada había cambiado. Esta vez, los mercados de renta variable y de renta fija respondieron positivamente, mientras que la noticia también generó una oleada de correos electrónicos de observadores de la Fed, que se disculpaban por haberse equivocado (afortunadamente, nosotros tratamos sus previsiones con el debido grado de escepticismo desde el principio).

A estas alturas, cabe recordar lo poco que sabemos de cualquier cosa, lo difícil de pronosticar que son estas cosas, y lo complejo que es el sistema financiero. ¿Acaso se consideraría ridícula la anterior viñeta si hubiera venido acompañada del siguiente texto?

“Durante el mes de mayo, en Wall Street, los indicios de tapering de la QE provocaron la caída de los mercados de renta variable y de renta fija, pero los posteriores comentarios de Ben Bernanke de que un eventual recorte dependería de los datos provocó el repunte del mercado, aunque las tensiones en Oriente Próximo y el encarecimiento del petróleo propiciaron una nueva baja en el mercado, que finalmente volvió a subir aliviado por la noticia de que la Fed decidió demorar el tapering”.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.