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Pese al probable fracaso de la Abeconomía, podría valer la pena invertir en acciones japonesas

Hace casi un año, el Banco de Japón (BoJ) se embarcó en el programa de quantitative easing (QE) más agresivo de la historia, más si cabe que la Reserva Federal estadounidense o el Banco de Inglaterra (figura 1). El objetivo oficial de estas políticas es elevar la tasa de inflación al 2%, acabando con ello con la deflación –cercana al -1%– que ha atenazado a Japón durante la mayor parte de la última década.

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¿Por qué motivo es probable que fracase esta política? Lo que sabemos acerca de la QE es su gran importancia durante una crisis financiera: elevar la liquidez disponible para los bancos permite la normalización de las tasas en los mercados monetarios; sin embargo, sus efectos tras una crisis parecen insignificantes, sobre todo sobre la inflación. Hoy en día, la inflación en el Reino Unido y Estados Unidos es más baja que cuando sus bancos centrales dieron comienzo a sus respectivos programas de QE, y no hay motivo para esperar que en Japón sea distinto. Además, esta no es la primera vez que el país asiático aplica políticas de este tipo: en marzo de 2001, tras la crisis asiática, el BoJ dio comienzo a un programa de QE con una envergadura similar al de la Fed, sin que tuviera un efecto discernible en la inflación.

Cabe esperar que la QE tendrá poco impacto sobre la economía, pero sí un efecto significativo sobre la volatilidad de los activos. Incluso desde una perspectiva monetarista, la QE no debería surtir demasiado efecto en entornos de tipos de interés ya extremadamente bajos, y cuando la demanda y la oferta de crédito se ve limitada por las preferencias y los balances. La teoría detrás de la QE es que a medida que el banco central inyecta liquidez a los bancos, estos conceden crédito al sector privado, fomentando con ello el crecimiento de la demanda y de los depósitos bancarios (la llamada masa monetaria en sentido amplio). Pero si la demanda de préstamos del sector privado es baja, o los bancos se muestran aversos al riesgo a la hora de conceder crédito, esto no ocurrirá, y de hecho no ha ocurrido.

Así, ¿a qué se deben las fluctuaciones relativamente violentas del yen y del Nikkei a comienzos de año (figura 2)? Ligeros cambios de probabilidad pueden tener un impacto muy significativo en las cotizaciones de los activos, y el propio precio suele ser la principal fuente de información. Aunque no nos gusta admitirlo, los precios de los activos se mueven en gran medida por motivos que desconocemos o que no comprendemos (lo cual explica la popularidad de los enfoques técnicos y sistemáticos), y estas fuerzas son muy evidentes en Japón. Aunque la probabilidad de éxito de la política de Abe es baja, es mejor que no hacer nada: podría funcionar. Incluso si dicha probabilidad es de un mero 10%, el valor de esta opción es elevado: la renta variable japonesa protagonizaría una enorme subida. La causa más probable del rally de la bolsa nipona de comienzos de año fue el reconocimiento de que Japón estaba haciendo algo que podría funcionar, unido a la idea de que otros podrían pensar que funcionaría.

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En adelante, cabe esperar una evolución similar de las cotizaciones. Están previstas más políticas de reforma “estructural” y medidas cíclicas, y es probable que el BoJ se embarque en nuevas rondas de QE al no subir la inflación. Al mismo tiempo, una mejora del crecimiento global puede ayudar a los beneficios de las compañías japonesas.

El comportamiento de los mercados nipones durante los últimos 12 meses revela mucho sobre la incertidumbre inherente en la formación de los precios, y en su impacto sobre la volatilidad. Sin embargo, también existe una diferencia clave entre la coyuntura actual y fases similares atravesadas por Japón durante los últimos 15 años: hoy en día, la renta variable japonesa cotiza a precios razonables. Pese a un mercado bajista de 25 años, no ha sido hasta hace poco que sus valoraciones han alcanzado niveles atractivos en términos absolutos. Por ejemplo, una cesta formada por los principales bancos japoneses cotiza a un ratio PER de 10 veces y ofrece una rentabilidad por dividendo del 3%. Incluso de no producirse cambios estructurales en Japón, estas valoraciones implican niveles razonables de rentabilidad esperada. La opción de una mejora estructural constituye un bonus.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.