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Corriendo con los lobos

Mark Hanna: Nadie tiene ni idea de si la bolsa a subir, va a bajar, va a ir de lado o en círculos. Filfa, ¿sabes lo que es?

Jordan Belfort: Una engañifa, algo falso

Mark Hanna: Algo falso, una farsa, una filfa, un artificio… pura fantasía.

El Lobo de Wall Street

Esta quizá no se convierta en la escena más recordada de la película “El Lobo de Wall Street”, pero ilustra una cuestión muy importante. Jordan acaba de empezar a trabajar en una correduría de valores y está aprendiendo cómo funciona el negocio. Tiene mucha suerte de haber recibido este excelente consejo, que le ayudará a manejarse en el mundo del corretaje de acciones. Por desgracia para él, más adelante tomará decisiones muy poco acertadas en su vida, pero esa es otra historia.

En la película, ambientada inicialmente a mediados de los ochenta, Mark Hanna ya se había dado cuenta de que los precios de las acciones son prácticamente imprevisibles a corto plazo. El momento del crash bursátil de 1987, al comienzo de la carrera de Jordan como bróker, ilustra perfectamente la lección de Hanna.

Pero si los precios de las acciones son tan aleatorios, ¿acaso podemos pronunciarnos sobre su evolución futura? Afortunadamente, la respuesta es que sí, pero probablemente menos de lo que a muchos comentaristas y pronosticadores les gustaría admitir. Si recientemente se ha producido un descalabro del mercado, o si las cotizaciones llevan largo tiempo a la baja, es más probable que las rentabilidades suban en el futuro, ya que los precios podrían haber alcanzado niveles demasiado bajos en el contexto de sus fundamentales. Y lo mismo es válido al revés: si los precios han subido mucho, como por ejemplo a finales de los noventa, es más probable que las rentabilidades sean mediocres en el futuro. Estos altibajos en los precios se deben principalmente a factores de naturaleza psicológica, anclados en la avaricia o en el miedo en torno a las rentabilidades futuras.

Howard Marks, presidente de Oaktree Capital, escribió recientemente sobre el papel de la suerte en su último memorando. El escrito aborda la aleatoriedad reinante en el mundo y la imposibilidad de predecir el futuro, afirmando que “es difícil saber lo que va a ocurrir, e imposible saber cuándo ocurrirá”. Concluye que las mejores oportunidades surgen en mercados ineficientes, donde los precios pueden desviarse de su nivel razonable.

En opinión de Marks, «el éxito en la inversión no es meramente cuestión de construir la cartera “adecuada”, sino también de si dicha cartera se encuentra en un entorno favorable». El éxito requiere tener una suerte considerable. La vida de Jordan Belfort podría describirse como una en la que experimenta ambos extremos de buena y de mala suerte. Probablemente, este es también el caso a la hora de invertir.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.