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China tiene buenos motivos para impedir que otros se aprovechen del renminbi

En vista de los indicios de ralentización que la economía china lleva exhibiendo desde hace un tiempo, puede que el Banco Popular de la República de China (PBoC) esté menos dispuesto a permitir que el renminbi permanezca en la senda de apreciación en que estuvo encarrilado hasta comienzos de año.

¿Qué persiguen las autoridades chinas?

Según la mayoría de las mediciones, el renminbi empieza a verse sobrevalorado. Desde la perspectiva del tipo de cambio real efectivo (la media ponderada de la moneda de un país en relación a un índice o cesta de otras grandes divisas, ajustada por inflación), la moneda china parece vulnerable (gráfico 1). Por otro lado, la solidez del renminbi ha provocado la contracción del superávit por cuenta corriente de China (gráfico 2).

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Aunque algunos observadores consideran que la reciente volatilidad de la moneda (gráfico 3) constituye simplemente una breve interrupción de su tendencia de apreciación a largo plazo, existen argumentos de peso para justificar la preferencia de los artífices de la política monetaria del gigante asiático por una mayor depreciación, al menos a corto plazo.

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Sin duda, en el marco de sus actuales esfuerzos para liberalizar el sistema monetario chino, el PBoC exacerbó la depreciación del renminbi en marzo al relajar su gestión sobre lo que anteriormente había sido una moneda herméticamente controlada. La entidad amplió del 1% al 2% la banda de flotación respecto al “ancla” que había establecido para la negociación del renminbi frente al dólar, permitiendo así una volatilidad potencialmente más alta. Esto significa que el valor del renminbi puede fluctuar en mayor medida frente al dólar –tanto al alza como a la baja–, por lo que cabe preguntarse qué pretende el PBoC con esta medida.

¿Necesita China una moneda más fuerte o más débil?

Algunos observadores sostienen que el banco central espera permitir una apreciación más acelerada del renminbi a fin de impulsar la demanda de los consumidores. El nuevo gobierno, instaurado el año pasado, ha hablado de la necesidad de una transición a una economía más orientada a la demanda interna, que la aleje de los grandes riesgos de cola asociados con el crecimiento impulsado por la inversión. En años recientes, este último ha provocado una acumulación de deuda corporativa hasta niveles que ahora hacen temer una proliferación de los incumplimientos. En este entorno, sin embargo, el objetivo de la política económica debería ser supuestamente la estabilidad: no tiene mucho sentido que un país desee la apreciación de su moneda cuando se está produciendo una clara desaceleración de su crecimiento. No creo que los responsables de la política económica china pretendan que el consumo aumente como por arte de magia; más bien, deben estar pensando en las exportaciones y en la competitividad, dos áreas en las que China ha comenzado a tener serias dificultades. Ante la perspectiva de una enorme burbuja crediticia, existen indicios de que el crecimiento manufacturero ha perdido fuerza (gráfico 4), y a medida que se incrementen los costes, las grandes multinacionales podrían estar trasladando su producción a otros países.

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El año pasado, la apreciación continuada del renminbi y el carry moderado se tradujeron en un auge de las entradas de “dinero caliente”. Ahora, parece que el PBoC está intentando ahuyentar a los especuladores del carry trade, que han estado apostando a favor de una apreciación continua frente al dólar, distorsionando los flujos comerciales y complicando los esfuerzos de las autoridades para gestionar la economía china de una manera más sostenible. Ciertamente, es probable que el desmantelamiento de estas operaciones de carry haya contribuido a la repentina caída registrada por el renminbi en las últimas semanas.

El PBoC sostiene que las nuevas reglas de negociación están diseñadas para permitir que las “fuerzas del mercado” (y no los especuladores que buscan “ganar dinero fácil” con la moneda china) determinen el valor del renminbi, habida cuenta de que la ampliación de la banda de fluctuación y la introducción de volatilidad tanto al alza como a la baja deberían indicar mejor cómo el mercado valora realmente la moneda. Sin embargo, en vista de esta desaceleración económica, cabe argumentar que los funcionarios del Banco tienen buenas razones para preferir la depreciación de la moneda y así elevar la competitividad de los exportadores chinos.

Sea cual sea el deseo del PBoC, uno de los resultados que podemos anticipar con certeza es el aumento de la volatilidad, lo cual podría traducirse en mayores riesgos.


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