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Por qué la sabiduría convencional se ha visto cuestionada este año: una evaluación conductual

Espero que no sea necesario advertirles de los peligros de la predicción económica y financiera. Por otra parte, este tampoco es lugar para cuestionar por qué realizamos pronósticos a fin de diciembre, en lugar de en cualquier otro momento del año.

No obstante, ya casi en su ecuador, 2014 nos proporciona un claro ejemplo de cómo el ser humano, como siempre, es capaz de confiar excesivamente en su capacidad de predecir el futuro y a la vez sorprenderse de su incapacidad para hacerlo correctamente. También nos ha mostrado como, en nuestra búsqueda de certidumbre, podemos asumir cosas con excesiva facilidad y sin sopesarlas de forma crítica.

La manía que tiene el sector de la inversión por realizar pronósticos navideños sobre el año venidero sí tiene una función útil: brinda una buena oportunidad para evaluar la confianza de los inversores y las opiniones de una sección amplia del mercado. A finales de 2013, la expectativa de consenso parecía ser que la renta fija iba a caer, mientras que la renta variable, sobre todo en Estados Unidos, superaría “inevitablemente” al resto de clases de activo.

De forma igualmente fortuita, el fin de diciembre marcó el momento en que los bonos dejaron de caer y se embarcaron en uno de los mejores comienzos de año en más de dos décadas (gráfico 1).

Why we have been surprised May 2014 SP_DA-ECG1

¿Qué es lo que está ocurriendo? Este post no es un ejercicio de alegría por la desgracia ajena, ni pretendemos regodearnos en nuestras advertencias previas; de hecho, el comportamiento mostrado por los mercados durante un par de meses no invalida la mayoría de los argumentos proferidos por la gente sobre los riesgos que supone hoy en día la inversión en bonos de baja rentabilidad. Lo que sí espero hacer es explorar cómo los seres humanos somos capaces de errar tanto y de forma tan constante en este tipo de predicciones; y no tan solo debido a errores analíticos, sino también al impacto de nuestras emociones.

Sesgos emocionales en nuestros pronósticos

A simple vista, muchos planteamientos bajistas sobre los mercados de renta fija en 2014 eran razonables, coherentes y fiables. La recuperación de la economía estadounidense, la reducción gradual de las compras de activos por parte de la Reserva Federal (el llamado  “tapering”) y la mejora de la confianza en torno a la renta variable parecían argumentos plausibles. Profundizando un poco más, sin embargo, el lenguaje y los argumentos de estos pronosticadores revelaban con frecuencia sesgos emocionales, los cuales pueden infundirnos una confianza inadecuada en nuestra capacidad para predecir el futuro. A continuación enumeramos algunas de las fuerzas conductuales que parecen haberse colado en estos pronósticos a comienzos de año.

Extrapolación

Un ejemplo claro es el impacto de las rentabilidades pasadas sobre puntos de vista aparentemente objetivos. Lo que los psicólogos conductuales llaman extrapolación suele manifestarse en los mercados financieros cuando la opinión de las personas se basa en lo que acaba de ocurrirles. Sería de esperar que los pronosticadores “expertos” fueran inmunes a este efecto, pero de ser así, parecería raro que el consenso bajista respecto a la renta fija haya surgido después de una fuerte caída de los mercados de deuda, y no antes.

Representatividad

Muchas expectativas de caída de los bonos soberanos estaban expresadas en forma de referencias a acontecimientos pasados. Por ejemplo, los comentaristas describieron con frecuencia el segundo semestre de 2013 como “un retorno a 1994”. Aunque esto puede ser atractivo desde un punto de vista emocional, también puede ser peligroso. En términos estadísticos, una “muestra de un solo elemento” no constituye ni mucho menos un medio fiable para extraer conclusiones respecto al futuro.

Los psicólogos conductuales han demostrado que los inversores suelen sobreestimar la probabilidad de acontecimientos que ya han experimentado en el pasado, sobre todo cuando estos recuerdos incorporan un elemento emocional. Para los inversores en renta fija, pocas experiencias han sido tan dolorosas como 1994; sin embargo, el actual entorno no es el de 1994 y no deberíamos permitir que nuestras emociones nos hagan comportarnos como si así fuera.

Énfasis en un solo problema

Cuando simplificamos excesivamente los problemas cotidianos ignoramos la verdadera propensión del mundo para sorprendernos. Como seres humanos, anhelamos la simplicidad y las explicaciones fáciles, y odiamos la ambigüedad y la complejidad.

Como inversores, hacerlo puede dejarnos muy vulnerables a este tipo de sorpresas. El “tapering” fue un claro ejemplo de lo anterior. Tal como muestra el gráfico 2, la aparición de la palabra “tapering” en la prensa aumentó de forma casi exponencial; los inversores se obsesionaron por la política de la Fed, diseccionando las actas de las reuniones del FOMC para interpretar hasta el mínimo detalle, y dedicaron una atención febril a datos macroeconómicos como por ejemplo las cifras de empleo no agropecuario.

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Los inversores y comentaristas también suelen mostrar un exceso de confianza a la hora de reducir sus pronósticos a unas pocas variables. Este año, un argumento habitual ha sido que «la economía estadounidense continuará mejorando, la Fed dará comienzo al tapering, y esto redundará negativamente en la renta fija». Sin embargo, pese a cumplirse las dos previsiones iniciales, la última no se ha hecho realidad. En la vida ocurren otras cosas, y debemos ajustar de forma acorde la confianza que depositamos en nuestras decisiones.

Pero sobre todo, este tipo de argumentos tienden a ignorar el punto de partida de valor; pese a contradecir la teoría de los mercados eficientes, intuitivamente parece obvio que un activo barato pueda subir incluso si es objeto de noticias negativas.

¿Y qué ocurrirá a partir de ahora?

Queda por ver cuál será la evolución de los activos de renta fija durante el resto del año, pero tal como hemos comentado anteriormente, puede ser arriesgado simplificar excesivamente los argumentos sobre el posible rumbo futuro de los tipos de interés.

Los meses venideros podrían acabar dando la razón a quienes en enero anticipaban nuevas caídas de la renta fija, pero si algo nos ha enseñado el primer semestre, es que todo exceso de confianza a la hora de evaluar el futuro es extremadamente peligroso. Sobre todo, deberíamos tener mucho cuidado con quienes ahora parecen haber cambiado de opinión puramente en base a la evolución mostrada por los precios en lo que llevamos de año.

Con ser sencillamente conscientes de la existencia de sesgos conductuales como los mencionados, tenemos más posibilidades de evitar ser víctimas de este tipo de falacias. Comprender nuestras propias motivaciones y actuar con una buena dosis de humildad sobre lo que podemos y lo que no podemos saber son aspectos cruciales para convertirnos en mejores inversores.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.