Ruido de Mercado

¿Son buenas las malas noticias?

¿Cuándo son buenas las malas noticias? Aparentemente, cuando los inversores se han pasado la mayor parte de una década durmiéndose en los laureles, convencidos de que los bancos centrales inyectarán artificialmente niveles de liquidez sin precedentes en los mercados financieros. La comunidad inversora sigue acusando una extremada sensibilidad a cualquier noticia, por pequeña que sea, que alimente su actual obsesión con vaticinar la actuación de las autoridades monetarias en todo el mundo. En este contexto, vemos a menudo que las noticias económicas positivas siembran el pánico, mientras que las negativas son bienvenidas. El pasado viernes, el presidente del BCE, Mario Draghi, reconoció en un discurso que la economía de la eurozona permanece “uniformemente débil”; esta declaración pareció impulsar más bien la confianza de los inversores que su preocupación, y permitió al índice S&P 500 superar brevemente, por primera vez en su historia, la barrera de los 2.000 puntos. Los inversores especularon sobre la creciente probabilidad de que el BCE ponga en marcha su propio programa de QE, ignorando el hecho de que los factores que suscitarían tales medidas son negativos, y que la ruta hacia la QE podría ser muy dolorosa.  También fue interesante comprobar la facilidad con la que los mercados son capaces de olvidarse de los temores en torno a factores como la tensión en Ucrania y el rescate de Banco Espirito Santo, que meros días antes habían minado considerablemente la confianza en torno al panorama económico europeo.

Un aspecto a destacar es que, aunque el hecho de que el S&P 500 alcance por primera vez en la historia un nivel redondo como los 2.000 puntos merece figurar en los titulares, el nivel del índice carece relativamente de sentido: la gente se olvida de que los beneficios también han estado subiendo (tal como tienden a hacer). El precio no es sinónimo de valoración; de hecho, el índice no se halla, ni mucho menos, en el nivel más caro de su historia.

En cualquier caso, es inútil intentar predecir cuándo, o cómo, el BCE aplicará nuevas medidas de estímulo. Además, nos gustaría destacar la importancia de no sobreestimar el vínculo entre la política monetaria y la coyuntura económica real (ver el post de Stuart Canning http://www.episodeblog.com/posts/economics/should-we-care-about-forward-guidance   del pasado agosto sobre este tema).  No obstante, es importante mantenerse alerta para detectar posibles riesgos y oportunidades, resultantes de fluctuaciones temporales de los precios provocadas por el “ruido” de la constante especulación en torno a la política de los bancos centrales.

El índice S&P 500 alcanza los 2.000 puntos por primera vez en su historia


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.