Ruido de Mercado

¿Cómo que pánico? Los consumidores no se sentían tan optimistas desde antes de la crisis de Lehman

Todas las semanas, los miembros del equipo nos reunimos para analizar un resumen de los datos económicos mundiales de los últimos siete días. Nuestro objetivo es tratar de descifrar lo que nos dicen esos numeritos verdes y rojos acerca del panorama inversor a nivel global.

Lo que siempre nos queda claro del modo en que cambian estas cifras a lo largo del tiempo es que los modelos que se basan en supuestos de mercados eficientes y de agentes racionales suelen ignorar una pieza clave de la ecuación: el elemento humano que mueve a los mercados de manera irracional e impredecible.

Hace unas semanas se publicaron muchas cifras verdes, pero durante esa misma semana, los mercados de renta variable sufrieron caídas generalizadas y la deuda soberana repuntó debido al pánico de los inversores atribuible al deterioro de las previsiones de crecimiento, a las tensiones geopolíticas y al virus del Ébola. A la semana siguiente, la mayoría de las cifras se tiñeron de rojo y los mercados volvieron a subir.

Esto plantea dos cosas. Primeramente, ¿cuánta atención debemos prestar a los datos semanales? Y en segundo lugar, ¿cuánta importancia debemos otorgarle a la volatilidad del mercado a corto plazo? Durante la semana en cuestión, ¿se produjo acaso un cambio significativo en las perspectivas económicas globales? ¿Por qué razón desapareció el pánico tan rápido como había aparecido? ¿Se resolvieron algunos de esos temas durante esos siete días? ¿Por qué razón hay cosas que importan tanto una semana, para verse reemplazadas por algo totalmente diferente a la semana siguiente?

Lo cierto es que el mercado cambia constantemente el modo en que valora determinados datos puntuales: a menudo se preocupa en extremo por datos que carecen de importancia estadística, y en otros momentos ignora por completo tendencias a largo plazo más importantes. Resulta más “divertido” y llamativo prestar atención a estas publicaciones diarias de datos.

Uno puede tratar de aferrarse a cualquier posible explicación sobre los indicadores económicos y los movimientos a corto plazo de los precios de los activos, pero si analizamos ambas cosas durante un plazo de tiempo significativo, en realidad no hay mucho que nos ayude a explicar el panorama general. No existen nuevos impulsos u obstáculos económicos de importancia que sugieran que la situación actual es distinta a la de comienzos de año. En líneas generales, todavía nos encontramos en un entorno de expansión global lenta y estable, aunque aún existen riesgos genuinos y cabe esperar bastante volatilidad a corto plazo, tanto en los datos como en los mercados.

En todo caso, una de las pocas cifras verdes publicadas recientemente que nos pareció interesante fue el resultado de la encuesta entre consumidores estadounidenses realizada por la Universidad de Michigan. A un nivel de 86,4 puntos, la confianza del consumidor americano a octubre de 2014 no era tan alta desde antes de la crisis de Lehman. Y tal como ilustra el siguiente cuadro, la situación es similar en el Reino Unido.

Consumer confidence SP

Esto no parece indicar que la gente está a punto de sucumbir al pánico debido a las perspectivas económicas, ni que el temor esté a punto de apoderarse de los mercados. Gran parte de la fortaleza de estos datos puede atribuirse a las finanzas personales. De hecho, estas son las cosas que realmente deberían importar; al fin y al cabo, lo más probable es que el verdadero crecimiento económico proceda del gasto y de la inversión de las personas cuando estas sientan un grado de optimismo suficiente sobre la economía y sus finanzas personales. Precisamente a esto se refería Stuart Canning cuando dijo que «lo importante son los instintos animales» en su post de septiembre.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.