Ruido de Mercado

Mark Carney, tan influenciado como los demás por lo que acaba de ver

Mark Carney sabe muy bien lo atentos que están hoy en día los participantes del mercado a cualquier desarrollo en la política monetaria. Es plenamente consciente de cómo el tono y el lenguaje de cada una de sus declaraciones puede afectar al sentimiento a corto plazo. De hecho, se refirió a esto mismo en agosto, durante la rueda de prensa de su informe mensual sobre inflación, al hablar de la obsesión del mercado por tratar de pronosticar el momento en que subirán los tipos de interés. Un mes más tarde, durante la rueda de prensa del informe de noviembre, una de las primeras cosas de las que habló fue el deterioro del panorama de crecimiento económico global fuera de Estados Unidos y del «espectro del estancamiento económico» en Europa; al hacerlo, sabía perfectamente que la señal que mandaba a los mercados era que el Banco de Inglaterra se alejaba de la perspectiva de una subida inminente de los tipos de interés.

Y los mercados captaron el mensaje: el tono del informe se interpretó como acomodaticio, y las estimaciones sobre cuándo tendrá lugar la primera subida de tipos pasaron al próximo mes de octubre, lo cual supone un salto considerable en el calendario esperado, precipitado en tan solo unos meses. En junio, Carney advertía de que los tipos podían subir antes de lo esperado, lo que algunos interpretaron como indicio de que la medida podría implementarse antes de acabar el año.

Aunque la ausencia de presiones inflacionarias hace muy plausible la idea de que el precio del dinero permanezca bajo durante más tiempo, no hay que olvidar que los propios bancos centrales insisten una y otra vez en que cualquier cambio en los tipos dependerá de los datos económicos. No están hablando de fluctuaciones en los datos de una semana a otra, sino de tendencias a largo plazo que apunten a una recuperación económica genuina. En este contexto, sorprende bastante el lenguaje utilizado por Carney en su declaración, en la que indica clara y deliberadamente su opinión de que el panorama global ha empeorado, y no meramente que algunas áreas de actividad han mostrado debilidad a corto plazo hace poco. Si analizamos las tendencias a más largo plazo de los datos británicos, resulta difícil justificar un deterioro del panorama. El siguiente gráfico no refleja nada más que la amplia tendencia de crecimiento enfilada por la economía del Reino Unido en los últimos dos años.

UK 2 SP

Así que, en nuestra opinión, las palabras de Carney delatan un sesgo que afecta a todo tipo de agentes económicos. Parece que los banqueros centrales tampoco son inmunes a la atracción de los datos a corto plazo, y que ni siquiera ellos logran evitar darles demasiada importancia a la hora de formular sus visiones a largo plazo. Carney también podría estar proyectando cierto sentimiento negativo tras varias semanas de nerviosismo en los mercados financieros y buscando explicaciones a toda costa, como hace mucha gente. Con ello, ha introducido un nivel de complejidad innecesario –además de potencial de mayor volatilidad– en el modo en que los mercados analizarán la relación entre la política monetaria y los datos en el futuro.

Ante el pesimismo reinante, resulta tentador buscar razones para el desánimo, y es fácil ser selectivos con qué datos utilizamos. Si uno quiere afirmar que sabe por qué motivo cayeron los mercados durante septiembre y octubre, puede apuntar a la debilidad reciente de las ventas minoristas británicas. Pero si los mercados de renta variable hubieran mantenido un repunte continuado, veríamos a la gente recurrir a otros datos, como por ejemplo las mejores cifras de salarios, empleo y producción industrial, o el sondeo sobre tendencias industriales de la Confederación de la Industria Británica (CBI).

Tratar de refinar en exceso la propia visión del mundo, de forma demasiado específica y como respuesta al flujo y reflujo de los datos, disminuye la utilidad de nuestras observaciones. Al fin y al cabo, siempre es posible encontrar alguna cifra que confirme nuestros sesgos de un modo u otro. En nuestra opinión, el sentimiento más evidente hoy en día en la economía real del Reino Unido es una renuencia a reconocer que nos hallamos en una fase de recuperación bien asentada, unida a una falta de voluntad por parte de las compañías a asumir riesgos. El Banco de Inglaterra también continúa pensando que el mayor riesgo en la actualidad es que se interrumpa la recuperación, pero aunque tenga razón, los hechos sobre la economía británica denotan señales más significativas de fortaleza que de debilidad.


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