Ruido de Mercado

La turbulencia del rublo contribuye al ruido en la recta final del año

En las últimas semanas, factores como la situación política en Grecia, los índices de directores de compras (PMI) de Francia, Alemania y China, o el descenso continuado del precio del petróleo han socavado la confianza de los inversores, desencadenando fuertes y repentinos cambios de dirección de los mercados financieros de todo el mundo.

En este contexto, la inestabilidad del mercado de divisas ruso ha atraído mucha atención. El primer punto a destacar es que gran parte de los temores suscitados por este desarrollo se concentran en movimientos muy cortoplacistas, exacerbados por el hecho de que la subida sorpresa de los tipos de interés implementada el pasado martes por parte del Banco de Rusia no logró evitar de forma inmediata la caída del rublo. Sin embargo, creemos que aún es demasiado pronto para declarar que las autoridades rusas han perdido el control y que se avecina una repetición de lo acontecido en 1998. En primer lugar, pensamos que cualquier comparación con dicho episodio carece de utilidad, al existir más diferencias que similitudes con la situación actual. Hoy en día, Rusia tiene unas reservas de moneda extranjera mucho mayores y un saludable superávit comercial. Al mismo tiempo, la eurozona presenta mayor fragilidad y no hay que olvidar el riesgo de contagio. Ambas situaciones son complejas y atribuibles a un gran número de factores.

Los altibajos del rublo

Por otra parte, el rublo se rehízo con creces de su fuerte caída al día siguiente, lo cual refleja lo problemático que resulta intentar analizar estos movimientos (ver gráfico). Incluso si supiéramos cómo se desarrollarán estos acontecimientos en las próximas semanas y meses, sería imposible predecir qué impacto tendrían en los mercados, o cuál sería la reacción de los inversores. En nuestra opinión, nunca hay que dejar que los movimientos cortoplacistas provocados por el sentimiento nos distraigan de nuestras convicciones basadas en los fundamentales a largo plazo. Esto es especialmente relevante en los mercados de divisas, cuyo grado de complicación y volatilidad elevada hacen que sea especialmente absurdo afirmar que comprendemos lo que pueden significar los altibajos a corto plazo para el panorama a largo.

Pese a la cautela que nos inspiran los activos rusos debido a los riesgos fundamentales que conllevan, consideramos importante estar atentos a las oportunidades potenciales que pueden darse en fases de alta volatilidad a corto plazo, creadas por efectos indirectos alejados del «epicentro» de acontecimientos concretos. Hoy en día puede observarse una gran divergencia en términos de ritmo de recuperación económica, política monetaria y valoraciones de los activos en todo el mundo; en este contexto, pensamos que los problemas de Rusia también afectarán de forma diferente a distintas regiones. Es probable que países como Alemania, que mantienen unas relaciones comerciales más sólidas con Rusia, acusen este impacto en mayor medida que otros como el Reino Unido, que –tal como nos recordó ayer Mark Carney– tiene muchos menos vínculos directos con la coyuntura económica rusa.

Existen muchos más factores capaces de impulsar a los mercados en el medio plazo que la reciente turbulencia experimentada por los mercados rusos. Uno de ellos es el reciente abaratamiento del petróleo, cuyo impacto en las condiciones económicas globales se notará especialmente a comienzos del próximo año: nuestra expectativa es que dará un impulso significativo al crecimiento mundial, pues equivale a un recorte impositivo para empresas y consumidores. En última instancia, creemos que efectos como este serán más importantes que el de la reciente situación de Rusia.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.