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Nuevas reflexiones sobre la paridad de riesgo

En octubre de 2013 proporcionamos un análisis de las estrategias de «paridad de riesgo». Sin entrar en detalles sobre esta moda de inversión, la correlación entre renta fija y renta variable es un aspecto clave para la asignación de activos. Por aquel entonces, llegamos a la conclusión de que el aumento de la prima por plazo implicaba que la deuda a largo plazo ofrecía propiedades de diversificación atractivas:

«Ahora que muchos cuestionan los méritos de la “paridad de riesgo”, la correlación fundamental que propició su historial de resultados parece actualmente atractiva: el tramo largo de la curva de rentabilidades presenta una prima por plazo elevada, precisamente el motivo por el cual en este momento constituye un diversificador barato contra los riesgos de crecimiento cíclico» (octubre de 2013).

Este año, los treasuries a 30 años han proporcionado una diversificación considerable en frecuencias semanales y mensuales, y al igual que la renta variable estadounidense, han acumulado fuertes subidas. El siguiente gráfico muestra la correlación semanal entre el índice S&P500 y el futuro sobre el bono a 30 años. En todos los periodos –a excepción de una semana en septiembre y una en agosto– los treasuries a 30 años repuntaron cuando el S&P500 sufrió caídas significativas.

Gráfico 1: Bonos del Tesoro EE.UU. a largo plazo: diversificación y rentabilidad

La prima por plazo se ha comprimido

Existen muchas formas de estimar la prima por plazo, o «term premium» (la prima que recibe un inversor en renta fija por encima de los tipos de interés esperados). En nuestro anterior post mostrábamos simplemente el diferencial entre los treasuries a 2 y a 30 años, que en octubre del año pasado rondaba los 340 puntos básicos. Ahora, este diferencial es de 215 puntos. Pese a la oleada de análisis y comentarios en torno a los mercados de renta fija este año, en raras ocasiones se ha mencionado que la rentabilidad del bono estadounidense a 2 años ha subido, mientras que la del bono a 5 años apenas ha cambiado. De este modo, cabe afirmar que el descenso de las rentabilidades de la deuda a 10 y a 30 años se debe en gran medida a las creencias en torno a los tipos de interés a medio plazo o la prima por plazo, y no al crecimiento económico o a las tendencias de inflación a corto en Estados Unidos.

La prima por plazo en el mercado de treasuries viene determinada por varios factores. Los candidatos más plausibles son el descenso de los tipos de interés a nivel global, el cambio en las expectativas de tipos «de equilibrio» y una reevaluación de las propiedades de riesgo de los bonos. Este último factor podría ser el más importante, y el más voluble.

Pero un aspecto clave es que el atributo de diversificación de la deuda se ha deteriorado de forma muy significativa. El diferencial de rentabilidad entre los bonos a 2 y a 30 años se ha reducido en 130 puntos básicos. El tipo 5y5y implícito en la curva de tipos del Tesoro estadounidense –una aproximación razonable del tipo de «equilibrio»– es actualmente del 2,8%, mientras que hace doce meses era del 4,5% (ver gráfico 2).

Gráfico 2: Descenso de la prima por plazo (term premium)

Todo apunta a que las expectativas de tipos a nivel global tendrán un impacto limitado: para empezar han caído considerablemente en la eurozona, y el límite cero de los tipos de interés se está convirtiendo en un tema cada vez más relevante en la mayoría de los grandes mercados desarrollados de renta fija fuera de los Estados Unidos. Los factores cíclicos también podrían contribuir a poner en duda las creencias reinantes; la economía estadounidense parece estar reforzándose, y el desplome de los precios del petróleo acaba de darle un espaldarazo adicional.

Ha llegado el momento de ver a la deuda como un riesgo más en las carteras multi-activos, y no como una mera herramienta de diversificación. De hecho, ha aumentado la probabilidad de que la renta fija y la renta variable puedan perder terreno simultáneamente, sobre todo aquellas acciones que se han beneficiado de la caída sostenida de las rentabilidades.

Cambios en las propiedades de riesgo

El riesgo endógeno es un concepto importante, que suele pasarse por alto o explicarse de forma confusa mediante «posicionamiento». Se refiere al hecho de que los precios de los activos no siempre vienen determinados por una relación simple y directa con el flujo de noticias fundamentales. La percepción de las propiedades de riesgo, correlación y volatilidad en la mente de los inversores también puede afectar a las cotizaciones de los activos, y con frecuencia amplifica sus movimientos.

Las propiedades de riesgo percibidas son importantes motores de la demanda de activos. Ahora mismo salimos de una fase de volatilidad significativa en los mercados de renta variable, durante la cual los bonos han demostrado su valor como herramientas de diversificación. Esto ha provocado un descenso de la prima por plazo, pero si la correlación entre renta fija y renta variable cambia, las creencias de los inversores podrían experimentar un violento giro en dirección contraria: los bonos volverán a ser arriesgados.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.