Ruido de Mercado

Los mercados globales ignoran el resultado de las elecciones griegas

El resultado de las elecciones griegas del pasado 25 de enero, en las que se impuso el partido izquierdista Syriza –contrario a las medidas de austeridad– ha hecho resurgir los temores en torno al potencial incumplimiento de su deuda y el futuro del país en el euro. Aunque su líder Alexis Tsipras ha manifestado la intención de renegociar las condiciones del rescate heleno, ha dejado claro que su partido no quiere que Grecia abandone la moneda única. En cualquier caso, es muy difícil intentar valorar cómo podría un estado salir del euro –no existe un mecanismo legal para hacerlo– y evaluar el posible impacto de tal eventualidad sobre todo tipo de otros factores.

En las últimas semanas se ha hablado largo y tendido sobre el contagio potencial de la victoria de Syriza –tanto político como económico– a otros países de la eurozona. Sin embargo, los inversores no parecen mostrarse demasiado preocupados por sus potenciales efectos secundarios fuera de los mercados griegos. Durante fases previas de inestabilidad política en Grecia, como por ejemplo en 2011/12, fuimos testigos de caídas generalizadas en los mercados financieros, tanto en Europa como a nivel mundial. Esta vez, y pese a la caída pronunciada de las acciones y el fuerte aumento de las rentabilidades de la renta fija del país, la respuesta de los mercados fuera de Grecia ha sido apagada; de hecho, la mayoría de los mercados europeos de renta variable ganaron terreno en los días posteriores a las elecciones.

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Los sondeos previos ya mostraban cuál iba a ser el resultado de los comicios, y esto podría explicar, en parte, por qué la evolución de los mercados financieros globales hasta la fecha no denota pánico o sorpresa alguna en la comunidad inversora. No obstante, la respuesta de los mercados (o falta de ella) a los desarrollos en Grecia es alentadora, al mostrar que, pese a la actual incertidumbre, los inversores se han visto un tanto tranquilizados por la mejora genuina en los fundamentales de muchos países europeos (tanto en la periferia como en el núcleo) desde la última crisis financiera en la eurozona, en 2011. Este hecho, combinado con los resultados del análisis de la calidad de los activos bancarios (AQR) –que reveló la mayor estabilidad de la mayoría de los bancos de la región– y el reciente anuncio de un enorme programa de expansión cuantitativa (QE) por parte del Banco Central Europeo, parece haber elevado la confianza. Se diría que los inversores creen que la eurozona, en su conjunto, se halla mejor situada para afrontar problemas económicos o malestar político en cualquiera de sus estados miembros.

Aunque este resultado electoral constituye un desarrollo significativo para Grecia, pensamos que la economía helena no es más que una pequeña parte de una economía global mucho más amplia. Por consiguiente, no creemos que este desarrollo justifique cambiar nuestras previsiones de crecimiento a nivel mundial, pues tal evaluación también se basa en muchos otros factores.

Dicho esto, no deberíamos perder de vista la posibilidad de que esta situación vuelva a repercutir sobre otras partes de Europa o en el resto del mundo. Sin ser capaces de predecir qué escenarios acabarán cristalizando en Grecia, ni mucho menos cuál será la respuesta de los mercados a los mismos, sí detectamos un potencial de volatilidad significativa, cuyos efectos secundarios podrían dar pie a oportunidades atractivas en otros mercados. Consideramos erróneo anticipar que los problemas nacionales de Grecia vayan a tener un impacto a largo plazo en otros países, siempre que los fundamentales de estos últimos sigan siendo favorables.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.