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Warren Buffett y Berkshire Hathaway

A comienzos de mayo, Tony Finding y Eric Lonergan realizaron su «peregrinaje» anual a Omaha, Estados Unidos, para asistir a la junta anual de accionistas de Berkshire Hathaway, la compañía de inversión dirigida por Warren Buffett. En la segunda de dos entradas en el blog, Eric comenta las claves de su experiencia. ¿Qué es lo que hace Buffett que otros no pueden?

Warren Buffett y Berkshire Hathaway

Tony Finding y yo hemos realizado seis visitas consecutivas a la junta anual de accionistas de Berkshire Hathaway, y continuamos lamentando no haber empezado antes.

Más allá de su historial de inversión, lo que más llama la atención de Warren Buffett es su singularidad como capitalista: claro, elocuente y siempre acertado en las cuestiones importantes; sin embargo, no es imitado de forma generalizada.

  • Sobre el tema de las recompras de acciones propias y los dividendos, destaca correctamente que estos últimos son ineficientes, y que la tesis a favor de la autocartera es sencilla: recompra tus propias acciones cuando son baratas (o como él dice, «cuando cotizan por debajo de su valor intrínseco»). ¿Por qué no todas las empresas realizan una estimación del valor razonable de sus acciones y las recompran solamente cuando cotizan a un descuento significativo respecto a este?
  • En lo que respecta a la remuneración del personal ejecutivo, Buffett es claro: los directivos deberían tener acciones, y no opciones, para alinear sus intereses con los de los accionistas y participar en las pérdidas de sus compañías. Acierta de nuevo en el blanco.
  • Sobre el negocio de los seguros, subraya que los beneficios volátiles son más atractivos que los beneficios estables. ¿Por qué? Pues porque uno debería vender más pólizas cuando las primas son altas, y ninguna cuando son bajas. ¿Qué otra gran aseguradora alaba públicamente la volatilidad de sus beneficios?

La claridad es otro de los pilares de la pericia de Buffett como inversor, y las verdaderas perlas de la junta de accionistas suelen ser comentarios breves de análisis sectorial o de valores. Tras escuchar sus análisis de compañías como Wells Fargo, IBM o Coca Cola, o de industrias como la de productos de construcción, parece obvio dónde radica su rentabilidad, y por qué tienen características monopolistas –o «fosos anchos», utilizando su lenguaje característico. Pero esto resulta obvio una vez uno le ha oído explicarlo. Este quizá sea un rasgo que comparten todos los grandes inversores: Buffett ve cosas que otros inversores no ven, cosas que son fáciles de comprender, pero difíciles de percibir.

El gran economista del MIT, Paul Samuelson –que prestaba una gran atención a Buffett y cubría sus apuestas teóricas comprando acciones de Berkshire– solía argumentar que, tal como había aprendido de Schumpeter, la «destrucción creadora» garantizaba que los capitalistas que celebraban sus éxitos en el último piso de los mejores hoteles cambiarían más o menos cada década, por virtud de la competencia y de la innovación tecnológica. Esto tal vez sea una descripción plausible de cómo funciona una gran parte de la economía, pero Buffett parece haber aportado argumentos de peso que sostienen lo contrario: hay negocios con poder monopolista sostenido –basado en marcas, efectos de red, economías de escala y una capacidad superior de toma de decisiones– que les permite perdurar durante muchas décadas.

Sin embargo, existen muchos otros motivos por los que viajar a Omaha. Este viaje nos brinda a Tony y a mí la oportunidad de debatir de forma obsesiva el paisaje inversor durante varios días, alejados de nuestras pantallas y del ruido cotidiano. Se trata de un lugar que uno a lo mejor no visitaría por otros motivos, pero la cultura del Medio Oeste le ayuda a uno a entender aspectos de los Estados Unidos que uno no ve habitualmente. La junta de accionistas es un fenómeno cultural singularmente americano: ¿en qué otro acontecimiento puede uno ser testigo de 30.000 personas aplaudiendo frases como «la riqueza debe ganarse de forma justa y emplearse con sabiduría»?

A Buffett y a Munger se les suele calificar de defensores de la «sabiduría casera», pero tal calificativo, además de subestimarles, es engañoso. Ambos expresan algo más cercano a valores fundamentales y duraderos: «las cadenas del hábito son demasiado livianas como para notarse, hasta que son demasiado pesadas como para romperse». Valores que, pese a su universalidad, son rara vez enunciados por nadie más en nuestra cultura. En este sentido, no sorprende que inversores de todo el mundo viajen a Omaha para verlos.

Un viaje a la junta de accionistas de Berkshire Hathaway es muchas cosas. Es verdaderamente inspirador ver a un consejero delegado, a los 84 años, pasar más de cinco horas respondiendo a preguntas no planificadas de antemano, mostrando un extraordinario conocimiento fáctico en una enorme variedad de compañías, y que abarca un periodo que se remonta a la Gran Depresión. Uno se da cuenta de por qué el índice S&P500 debería cotizar por encima del resto: la cultura capitalista estadounidense es única. Y uno sale de la experiencia pensando que la mayoría de las cosas podrían hacerse mucho mejor. Este año, Buffett y Munger describieron su cultura corporativa de forma sucinta: «en Berkshire Hathaway, la gente ve las cosas tal como son».


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.