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Caos en la eurozona: ¿a qué obedece la actual firmeza del euro?

Como se habrán dado cuenta, Grecia ha vuelto a un primer plano en las últimas semanas.

Coincidiendo con los aparentes intentos del gobierno griego de honrar la memoria de John Nash explorando cómo podría funcionar en la práctica la teoría de juegos, los comentaristas del mercado han ofrecido cada vez más «explicaciones» sobre el impacto de Grecia en la evolución de los precios. La semana pasada, los titulares de diez de las veinte historias más leídas en Bloomberg hacían referencia, directa o indirectamente, a Grecia.

Gráfico 1: ¿Noticias mundiales?

Ante tal telón de fondo, nos da la impresión de que la robustez mostrada por el euro –que no solo ha aguantado, sino que hasta se ha apreciado frente al dólar– ha dejado a muchos rascándose la cabeza.

Gráfico 2: La «robustez» del euro

Como seres humanos, siempre queremos explicar este tipo de movimientos con historias, y si Grecia es el tema que predomina en nuestras mentes, nos inclinamos a pensar que esta narrativa «debe» guardar relación con Grecia. De este modo, introducimos como sea la dinámica griega en nuestros intentos de explicar los movimientos de precios, incluso si esto contradice lo que anticipábamos previamente.

Así, si antes pensábamos que una reanudación de las tensiones en torno a Grecia hubiera sido perjudicial para la moneda única, ahora tenemos otros argumentos: «el euro se está apreciando porque podemos vislumbrar el desenlace de la situación», o bien «ya hemos superado el problema griego, ahora ya no afectará al resto de la eurozona ».

Sin embargo, estos intentos simplistas para explicar los movimientos de los tipos de cambio ignoran un amplio abanico de fuerzas.

Puede sonar obvio, pero las fluctuaciones de las divisas siempre tienen dos caras; si consideramos este periodo muy breve en que Grecia ha dominado los titulares de manera tan notoria, podemos ver que la eurozona ha evolucionado algo mejor que Estados Unidos.

El siguiente cuadro muestra los datos de sorpresas económicas de Citigroup para ambas regiones; los índices muestran el nivel de discrepancia, positiva o negativa, entre los datos y las previsiones de analistas y economistas.  Podemos apreciar que, en lo que va de año, Europa ha evolucionado mejor de lo previsto durante gran parte del periodo, a diferencia de Estados Unidos.

Si asumimos que los pronósticos existentes ya estaban «descontados» en el tipo de cambio, son las sorpresas y no el propio nivel registrado lo que debería ejercer mayor influencia sobre los movimientos de las divisas.

Gráfico 3: Los datos decepcionan más en EE. UU. que en Europa

Otro aspecto íntimamente relacionado con esto es el hecho de que las rentabilidades por cupón reales de los bonos europeos han subido en mayor medida que las de sus equivalentes estadounidenses, más si cabe por el problema griego, pero ya con anterioridad al mismo (gráfico 4). Si todo lo demás permanece constante –una frase pero que muy peligrosa–, esto debería elevar el atractivo del euro frente al dólar.

Gráfico 4: Mayor aumento relativo de la rentabilidad en Europa

Así que, como siempre, centrarse en una sola variable para explicar un movimiento de precios suele ser un error capaz de generar confusión. En los últimos años se ha puesto de moda establecer comparaciones con 1994, y nada nos impide hacer lo mismo en este caso. Cuando los tipos de interés estadounidenses se revisaron al alza de manera imprevista ese año, parecía «evidente» que el dólar iba a apreciarse, pero ocurrió lo contrario: el euro ganó terreno frente al billete verde (gráfico 5).

Gráfico 5: Una cara de la historia no lo explica todo

En ese caso, no se cumplió el principio de ceteris paribus. Quienes apostaron por una apreciación inevitable del dólar habían ignorado precisamente el otro lado de la moneda: en esa época, la economía de la eurozona se estaba fortaleciendo de manera significativa.

Por consiguiente, todo intento de explicar las causas de los movimientos de los tipos de cambio a corto plazo debe sopesarse con sumo cuidado, y nunca debemos olvidar el alto grado de imprevisibilidad de esta variable.

A esto se debe que las plataformas de cambio de divisas y spread betting sean una de las pocas cosas que vemos anunciadas con tanta frecuencia como las casas de apuestas en las zonas comerciales británicas. También es el motivo por el que muchos «expertos» en trading de divisas con métodos «infalibles» de ganar dinero tienden a dedicar su tiempo impartiendo cursos en lugar de dejar de trabajar y vivir de sus pingües ganancias.

Como siempre, es útil examinar las cosas en su respectivo contexto, y en este sentido vemos que las recientes fluctuaciones no son de gran magnitud en comparación con lo ocurrido en los últimos dieciocho meses:

Gráfico 6: Cuidado con el ruido

En el contexto actual, no creemos que tratar de dilucidar la evolución del euro frente al problema griego, que ya de por sí es muy incierto, sea la forma más rentable para los inversores de dedicar su tiempo.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.