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Los temores en torno a Grecia

La manera en que se nos presenta la información influye en cómo pensamos sobre ella.

En behavioural finance esto se conoce como «encuadre» o «framing», y al igual que muchas de las lecciones de esta disciplina, podríamos incluirla bajo la categoría de «obviedades varias». Sin embargo, es tan obvio que a menudo lo olvidamos, especialmente cuando nos hallamos en situaciones de estrés.

Ahora mismo, este es el caso con Grecia. Pese a ser conscientes de que la naturaleza de los reportajes periodísticos influye en nuestra percepción del riesgo, esto no impide que nos preocupemos.

Grecia no solo domina en términos de la cantidad de cobertura, sino que la cobertura propiamente dicha tiene un mayor impacto al haber un elemento emocional muy fuerte que acompaña a los hechos. Los seres humanos tendemos a sobreponderar la probabilidad de que ocurran cosas negativas cuando podemos visualizarlas, y actualmente, los medios de comunicación europeos nos están proporcionando imágenes sin cesar.

Nos muestran fotos de hombres y mujeres, por lo general ancianos, haciendo cola fuera de los bancos, y vemos a jóvenes protestando en las calles, ecos de otros conflictos del pasado en otras partes del mundo.

Además, la situación nos presenta un reparto de personajes que parecen sacados de una telenovela: el ministro de finanzas en su moto, la intransigente canciller alemana, los burócratas anónimos en traje. Estas imágenes emotivas y personalizadas alimentan la atracción humana por la narrativa.

Así, no sorprende que nuestros clientes nos pregunten más por nuestra opinión sobre Grecia (que representa el 2% del PIB de la eurozona) que sobre otros temas de mucho mayor peso, pero más aburridos.

La dependencia de la trayectoria

La manera en que se nos presenta la situación griega también incide en nuestra percepción en términos de «dependencia de la trayectoria»: la noción de que la ruta elegida para llegar a alguna parte afecta al modo en que nos sentimos acerca de ese destino final.

El hecho incontrovertible es que un inversor en renta variable ha ganado un 13% en Portugal, un 10% en Italia y un 8% en Alemania.  Sin embargo, si usted es como yo, se sentirá de forma muy distinta frente a esas cifras hoy en día (gráfico 1) de lo que sentiría si la trayectoria hubiera sido más placentera (gráfico 2).

Gráfico 1: La dependencia de la trayectoria

 

Gráfico 2: Un camino sin baches

Esto quizá parezca un ejercicio ridículo, pero pone de relieve un punto importante: con los mismos datos, si los mercados hubieran evolucionado más como en el gráfico 2 que en el gráfico 1, ¿estaría usted hoy por hoy más o menos preocupado acerca del riesgo griego? ¿Qué es lo que nos preocupa: el cambio en los fundamentales, o la evolución de las cotizaciones?

Contagio: «marchamos juntos»

Los seres humanos tendemos a creer que no seremos víctima de sesgos como el «encuadre» o la «dependencia de la trayectoria». Nos autoconvencemos de que estamos por encima de estas cosas; al fin y al cabo, hemos leído el Financial Times, el Handelsblatt, o Les Echos y sabemos que lo que nos preocupa son los hechos.

Nos decimos: «sí, Grecia es pequeña, pero puede desencadenar problemas más grandes». La banca europea está expuesta a la deuda helena, y si el país abandona la eurozona, otros podrían hacer lo mismo.

Pero en el contexto de lo anterior, tal vez sea útil repasar nuevamente estos hechos.

Comencemos por la exposición de los bancos europeos a la deuda griega. La crisis subprime puso de relieve problemas a la hora de determinar qué bancos tenían exposición a qué riesgos. No obstante, el consenso general indica que la banca europea ha venido recortando su exposición a Grecia, y de forma significativa.

Al analizar los siguientes datos del Banco de Pagos Internacionales, lo primero que apreciamos es la enorme reducción de esta exposición después de 2012 (sobre todo Francia).

Gráfico 3: Préstamos de bancos extranjeros a Grecia

Las cifras son todavía elevadas, pero merece la pena ponerlas en contexto. La exposición del Reino Unido ronda los 12.000 millones de dólares. En abril, Standard and Poor’s estimó que los cuatro bancos minoristas más grandes del Reino Unido podrían enfrentarse a otros 29.000 millones de dólares (19.000 millones de libras esterlinas) en multas y litigios antes de fin de 2016.

Por lo que respecta al contagio a otros emisores soberanos, esto es algo sumamente impredecible. Los gobiernos pueden ser tan vulnerables a estampidas como los bancos, lo cual depende en gran medida de la confianza. De momento, no obstante, las TIR de los bonos apenas se han movido (gráfico 4), lo que sugiere que las perspectivas de la deuda periférica no preocupan demasiado a los mercados. A 7 de julio de 2015, los bonos italianos, españoles y portugueses habían repuntado, mientras que la renta variable había caído.

Gráfico 4: Totalmente comprometidos…

Algo quizá más incierto aún es la probabilidad de que un giro de voluntad política provoque la salida de otro país de la eurozona; la opinión pública puede cambiar violentamente, especialmente en momentos de penuria económica. Sin embargo, tal como hemos señalado en entregas anteriores, la mayoría de los países europeos han dado muestras de recuperación (como había hecho Grecia antes de que la política suicida pasara a un primer plano). Se diría que actualmente hay pocos incentivos para arriesgar lo ganado con el caos que suele acompañar a la emisión de una nueva moneda.

Conclusiones

La evaluación de la verdadera motivación de nuestra preocupación en torno a los mercados es un tema recurrente aquí en Noise Corner; nos preguntamos: ¿son estos temores de naturaleza fundamental, o emocional? Un vistazo rápido a las entradas publicadas en esta sección del blog durante su corta vida revela que, frecuentemente, se trata más de lo segundo que de lo primero. Muchas de nuestras entradas trataban temas que en su momento parecían muy importantes, pero que ahora apenas se ven reflejados en los gráficos de precios. Esto no será siempre así, pero ser sinceros con nosotros mismos acerca de lo que realmente nos preocupa es el mejor modo de garantizar que mantendremos nuestra disciplina como inversores cuando surja un problema real.

En el caso griego existen muchas incógnitas, pero podemos observar las fuerzas que tal vez nos hagan preocuparnos más de la cuenta, e identificar aquellos hechos que nos deberían brindar cierta tranquilidad. Grecia acusa problemas muy profundos, que tendrán duras consecuencias para muchos a nivel humano, pero esto no debería influir en las decisiones de la mayoría de los inversores.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.