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Nada cambia en el Día de Año Nuevo

Esto de empezar un nuevo año parece inducir un comportamiento un tanto extraño en algunas personas. No me refiero solo a los propósitos de Año Nuevo, como ir al gimnasio o reducir el consumo de alcohol.

Lo extraño es el deseo persistente de hacer pronósticos sobre la economía y los mercados financieros. Están por doquier: en los periódicos, en las páginas web, en los correos electrónicos, por no hablar de las conferencias, los seminarios virtuales y los almuerzos.

¿Por qué les prestamos atención?

En este blog ya hemos escrito sobre los problemas de la realización de predicciones, y es difícil no sonar como un disco rayado: a los humanos no se nos da bien predecir el futuro de nada: ni de los mercados financieros, ni de los acontecimientos políticos, ni del tiempo que va a hacer. Y aunque todos lo sabemos, cada mes de enero nos ponemos inevitablemente a jugar al juego de las predicciones, como si fuéramos autómatas.

Hay un amplio abanico de predicciones para el 2016, y algunas de ellas incluyen sorpresas. Cubren todas las clases de activos, economías y acontecimientos de ámbito mundial. Por ejemplo, Buttonwood en The Economist sugiere que las sorpresas para 2016 podrían incluir una depreciación del dólar, mayores rentabilidades de la renta fija, la salida del Reino Unido de la UE, una libra débil y un resultado superior de los mercados emergentes.

¿Qué tal lo hicieron los pronosticadores el año pasado?

Hace un año, los inversores esperaban (entre otras cosas) una subida de los mercados de renta variable y de las TIR de la deuda, una probabilidad del 50% de que Grecia se viera obligada a salir del euro (tema sobre el que Stuart escribió en el blog en mayo de 2015) y que las elecciones generales en el Reino Unido conducirían a un parlamento sin mayoría absoluta.  ¿Acertaron? Bueno, Grecia sigue en la eurozona y el Partido Conservador ganó las elecciones británicas. En cuanto a la rentabilidad de la renta variable, examinemos la siguiente tabla.

Nada cambia en el Día de Año Nuevo

Muchos mercados de renta variable comenzaron con buen pie, pero después se mostraron faltos de rumbo durante el verano y cayeron a partir de agosto. Las acciones alemanas e italianas son ejemplos de esta pauta. Esto aporta munición tanto al bando de los positivos como al de los negativos para poder afirmar que tuvieron razón en parte del año. Con frecuencia, las personas reinventamos la historia de esta manera para sentirnos bien con nosotros mismos. Esto se denomina «sesgo retrospectivo», y explica en parte por qué los humanos no solemos aprender de nuestros errores.

De modo similar, en el universo de la renta fija hubo un poco de todo. Se suponía que el «despegue» de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal iba a ser el acontecimiento de 2015, pero aunque las TIR de algunos bonos aumentaron de forma significativa (como en Brasil), otras apenas se movieron. Tanto pronóstico no es más que energía derrochada.

Nada cambia en el Día de Año Nuevo

¿Estamos condenados a repetir nuestros errores? Puede que no…

Glenn Stevens, gobernador del Banco de Reserva de Australia, habló de las predicciones en un discurso reciente, en el que concluye que la «naturaleza humana no va a cambiar. Esto significa que, como seres humanos que somos, nos vemos atraídos irresistiblemente por quienes sostienen que son capaces de prever el futuro, de ganar al mercado y de darnos la ilusión de la certidumbre y el control.»

No obstante, quizá no debamos mostrarnos tan pesimistas. Se está realizando un trabajo interesante para hacer que nuestras previsiones más certeras.

Algo de esperanza

Philip Tetlock, que en cierta ocasión afirmó que «el experto medio es más o menos tan preciso como un chimpancé lanzando dardos», ahora cree que es posible hacer predicciones con éxito.

En su nuevo libro, explica que algunas personas tienen un talento predictivo superior a la media: son los «superpronosticadores». Y lo que es más alentador si cabe es su conclusión de que los «superequipos» obtienen mejores resultados que los individuos por separado. Los miembros de un superequipo se apoyan y desafían entre sí, y evitan el riesgo del pensamiento de grupo.

Lo que importa es la capacidad de aprender de nuestros errores y de evitar la tentación emocional de reinventar la historia. Mientras que los superpronosticadores son capaces de hacer esto de manera natural, el resto de los mortales podemos recurrir a los «superequipos», que nos pueden proporcionar información objetiva sobre lo acertadas que han sido nuestras predicciones. Tim Harford resume con gran acierto qué lecciones que podemos extraer (el vídeo solamente está disponible en inglés):

Así, existen medidas que todos podemos tomar para mejorar nuestra toma de decisiones. Como apunta Harford, esto es difícil, y sin duda mucho menos divertido que hacer predicciones de por sí. No obstante, este sí que es un propósito de Año Nuevo que vale la pena hacerse.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.