Ruido de Mercado

¿Es este el primer episodio de 2016?

Nosotros definimos los episodios como fases en las que las emociones determinan los precios de los activos. Se trata de un nombre al que no le han faltado las críticas: para algunos tiene connotaciones relativas a las enfermedades mentales, mientras que otros lo asocian con series de TV. En grupos de discusión de marketing tampoco es muy popular.

A nosotros, en cambio, nos parece una descripción acertada de lo que ocurre periódicamente en los mercados; en cualquier caso, es la mejor que tenemos. Hasta las asociaciones mencionadas son en cierto sentido apropiadas: la psicología humana juega un papel en nuestro uso del término, y como en un episodio de una serie de TV, los mercados tienden a concentrarse atenta y brevemente en una cosa, para después descartarla. He aquí una representación de 2015 en episodios.

¿Es este el primer episodio de 2016?

Como puede apreciarse, estos episodios suelen tener su origen en los fundamentales, y en cada momento parecían ser sumamente importantes. Pero en una cesta diversificada de renta variable, a fin de 2015 uno se encontraba nuevamente al mismo nivel al que había comenzado el año.

Esto nos lleva a la primera semana de contratación de 2016, que podríamos calificar de agitada. Estas son las rentabilidades «en el año» hasta ayer por la tarde.

¿Es este el primer episodio de 2016?

¿Dónde está ese origen fundamental a día de hoy? La mayoría de los comentaristas están de acuerdo con la idea de que China tiene algo que ver con ello, pero esta historia ha tardado un tiempo en desarrollarse. Algunos apuntaron a una cifra de directores de compras (PMI) decepcionante, mientras que otros destacaron la intervención de las autoridades chinas en el mercado interno del renminbi y el papel de los «interruptores» –recientemente la devaluación del yuan– como los principales culpables.

¿Es este el primer episodio de 2016?

Hemos escrito largo y tendido sobre los fundamentales chinos, llegando a la conclusión de que se trata indudablemente de riesgos muy reales; no repetiré dichos argumentos aquí. La pregunta que debemos hacernos como inversores es qué cantidad de este riesgo ya se hallaba descontada en las cotizaciones, y si los desarrollos de los últimos cuatro días justifican lo que hemos visto en los mercados de renta variable. ¿Podrían estar obedeciendo nuevamente a la emoción de los inversores?

Como las familias de Tolstói, cada episodio es infeliz de forma peculiar y distinta, pero todos ellos comparten características comunes. ¿Es posible identificar alguna hoy en día?

Rápida evolución de las cotizaciones

Ante movimientos como los que hemos visto en los últimos días, la tentación de actuar ahora y preguntar después es enorme. La propia velocidad a la que ocurren provoca pánico, y se ve intensificada cuando lo hacemos. Al introducir un nivel adicional de tensión en la ecuación –como por ejemplo «interruptores» que nos animan a actuar con rapidez– se hace más probable aún que actuemos sin sopesar antes nuestras acciones: sencillamente, no hay tiempo suficiente.

Concentración en un único desarrollo o tema de inversión

Cuando nos hallamos en un episodio, puede parecer que eso sea lo único de lo que habla la gente. El año pasado hubo periodos en los que lo único que importaba era el paro estadounidense y su presumible impacto sobre la Reserva Federal. Esta semana, todo gira en torno a China.

El problema con este tipo de visión limitada es que simplificamos excesivamente nuestras previsiones sobre el futuro, y perdemos de vista la gran variedad de factores que pueden afectar a la rentabilidad de los activos. Como alguien enclaustrado frente al televisor en pleno atracón de su serie preferida, somos ajenos al resto de cosas que ocurren en el mundo.

Contagio

Una señal adicional de comportamiento «episódico», relacionada con la concentración excesiva en una sola cosa, tiene lugar cuando existen síntomas de contagio. Si los riesgos en torno a China son ya de por sí muy difíciles de analizar, ¿qué decir de lo complicado que resulta evaluar las implicaciones de estos riesgos en otros mercados? ¿Está justificado que los mercados de renta variable europeos sufran caídas de igual envergadura debido a la actuación de las autoridades chinas? Quizá sea el caso, pero en nuestra opinión, las caídas correlacionadas de este tipo suelen ser menos probables cuando los inversores abordan de forma sopesada  la fijación de precios de los activos.

La reciente evolución de las cotizaciones parece especialmente reveladora a este respecto. No sorprenderá a nadie que el camino de menor resistencia sea probablemente una devaluación continuada del renminbi, y la ralentización de la producción manufacturera o del comercio no constituye un nuevo desarrollo. Lo que sí es una novedad es la naturaleza de la evolución de los precios en el mercado chino onshore, que aparentemente ha contribuido a espantar a los inversores.

No obstante, tal como comenté el pasado mes de abril, no debe olvidarse el hecho de que el mercado interno de renta variable china es altamente idiosincrásico. Puede comportarse de forma extraña, parece caro, y como hemos visto en los últimos días, las autoridades chinas están más que dispuestas a intervenir. Ninguna de estas fuerzas debería afectar necesariamente a mercados más abiertos en el resto del mundo.

Otras características de los episodios

Existen otras señales que constituyen episodios habituales. Ayer, Jenny escribió sobre las cosas extrañas que pueden suceder en torno al fin de año. ¿Podría ser que las percepciones del inversor se vean afectadas por el comienzo de un nuevo ejercicio? ¿Es posible que las condiciones de menor liquidez en los mercados propias de los periodos vacacionales exacerben los movimientos inusuales de las cotizaciones? Responder a estas preguntas es muy difícil, y lo mejor que podemos hacer es asegurarnos de que nuestra propia toma de decisiones sea verdaderamente objetiva.

Entonces, ¿se trata de un episodio, o no?

Sin duda alguna, la reciente evolución de los precios parece mostrar características de episodios previos. Pero ahí es donde aprieta el zapato: el hecho de que esté cundiendo el pánico entre los inversores no significa que estos no tengan razón. La respuesta es tremendamente insatisfactoria: en última instancia, debemos ser capaces de confiar en nuestro propio juicio y evitar dejarnos llevar por la multitud.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.