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¿Qué es todo este alboroto sobre una recesión?

En muchos mercados financieros, los deseos de Feliz Año Nuevo no se han cumplido. La emoción predominante es el miedo, acompañado de algún que otro toque de superioridad moral por parte de los bajistas eternos, que han vuelto a encontrar un podio desde el que proclamar su mensaje. Como siempre, tenemos que separar con cuidado los hechos de la ficción (o de los pronósticos, si lo prefiere).

Si nos atenemos a los hechos, esta caída de los mercados es del todo exagerada. Para que nos preocupara una caída inminente en una recesión global, necesitaríamos oír explicaciones más convincentes sobre cómo los factores que afectan a los precios de los activos se van a convertir en lastres netos sobre el crecimiento global. Así, ¿a qué viene tanto revuelo?

La economía china se está ralentizando, pero es poco probable que se contagie al resto del mundo

Las malas noticias procedentes de China parecen haber sido el detonante del mal comienzo del año. Sin embargo, no han sido malas noticias en sentido fundamental, sino más bien en lo que respecta a las cotizaciones de la renta variable. Dado el tamaño de su economía, cuando China se tambalea es comprensible que la gente se preocupe por sus consecuencias para el resto del mundo. Comprensible, pero casi seguro erróneo.

El impacto de China como productor del mundo es mucho más profundo que el de China como consumidor de los bienes del mundo. Resulta curioso que entre todos los pronósticos bajistas, no hay ningún argumento coherente sobre cómo el menor crecimiento del gigante asiático afecta a cualquier variable que no sean los precios (forzándolos a la baja) en la mayor parte del resto del mundo. No obstante, ¿quién necesita coherencia cuando uno puede alimentar las llamas del pánico y publicitarse vociferando «¡véndalo todo!»?

Un petróleo más barato es un desarrollo positivo a nivel mundial

Si la renta variable china es el malo de la película, el precio del petróleo es su compinche. El desplome de los precios del crudo en los últimos doce meses ha sido extremo. A primera vista, el lector ocasional quizá observe que esta es una noticia excelente, a no ser, por supuesto, que se trate de un productor o de un empleado en la industria petrolera (algo poco probable). Como ya he dicho antes, el abaratamiento de la energía es indudablemente positivo para el crecimiento global. Actualmente, este hecho se está viendo abrumado por el temor de que «nos dice algo» sobre la demanda. Quizá sea así, y si uno hace caso omiso de todas las pruebas de lo contrario, probablemente sea bastante preocupante (más sobre este tema aquí).

¿Hemos llegado al nuevo 2008?

En pocas palabras, no. Pensamos que la marcada inclinación hacia el pesimismo que muestran hoy en día los inversores se debe, en parte, a que todavía tienen fresco en la memoria el trauma de 2008.

Los bajistas sostienen que la experiencia de 2008, cuando un desplome de la vivienda provocó caídas correlacionadas en todos los sectores y activos, podría repetirse en 2016 con un derrumbe de la energía. En nuestra opinión, tal afirmación se basa en una comprensión errónea del papel específico y muy diferenciado de cada uno de estos sectores. Para empezar, una caída del sector de la vivienda no es una noticia positiva para ninguna parte de la economía, mientras que un descenso del sector de la energía representa un estímulo para muchas áreas de actividad.

¿Qué es todo este alboroto sobre una recesión?

En segundo lugar, 2008 es una muestra de un solo elemento: lo acontecido entonces no había ocurrido nunca antes. El propio hecho de haber experimentado el trauma de 2008 hace que sea mucho más probable que lo veamos como un desenlace posible en la actualidad, pero irónicamente, ello reduce la probabilidad de que vuelva a ocurrir. Esto se debe sobre todo a las reformas implementadas desde entonces, que han reducido el riesgo de forma significativa y mejorado los balances tanto en el sector financiero como en los hogares.

Los pronósticos de recesión son infundados

Esta noción de que el mercado es el heraldo de una catástrofe también se utiliza para vincular de forma directa las caídas de la renta variable con las previsiones de recesión de la economía global. Algunos «pronosticadores profesionales» (lo que oyen, se trata de empleo remunerado) se han sentido inclinados a publicitar sus probabilidades de recesión cuidadosamente calibradas, que actualmente superan el 50%. Hasta ahora, esta falaz precisión solamente está disponible para el futuro de la economía estadounidense, pero si las próximas tres semanas son como las tres últimas, no cabe duda de que veremos más previsiones catastrofistas.

El análisis en que suelen basarse estos pronósticos suele ser persuasivo a primera vista, pero en última instancia es incompleto y a menudo incongruente. Redactar una historia aparentemente convincente a partir de una lista de factores deprimentes pero dispares e inconexos no proporciona visiones útiles y reveladoras. En el pasado ha habido muy pocos indicadores fiables de una recesión antes de que esta ya hubiera comenzado. Tres técnicas han sido más efectivas que la mayoría, y afortunadamente, son muy sencillas.

La primera es la curva de tipos, y específicamente la brecha entre las rentabilidades (TIR) del bono a 10 años y el tipo de interés a 3 meses (tal como se explica aquí). Según esta medida, la probabilidad de que tenga lugar una recesión en los próximos 18 meses es inferior al 3%. Otra medida de la Reserva Federal estadounidense, un modelo basado en la base de datos FRED de la Fed de San Luis, indica una probabilidad inferior al 1% de que la economía ya se halle en recesión. Por último, el diferencial TED (la brecha entre el tipo de interés de los treasuries a corto plazo y el de los depósitos de eurodólares a 3 meses) no refleja de modo alguno que el comportamiento de préstamo a corto plazo denote mayores temores de recesión.

Deberíamos cuidarnos de otorgar demasiado poder a estas medidas, especialmente en un entorno general de tipos tan diferente como el actual. Sin embargo, lo interesante es el hecho de que otros lo están ignorando. Cuando los comentaristas hacen caso omiso de los datos positivos y ponen un énfasis excesivo en los negativos, facilitan la decisión a quienes detectan oportunidades en las recientes caídas.

Así, ¿por qué tanta preocupación?

Bueno, el sector de la energía ha sido escenario de abundantes noticias negativas, suficientemente serias como para afectar a los datos macroeconómicos agregados. Lo que está claro, no obstante, es que de momento esta debilidad no ha sido contagiosa, según muestra el gráfico 1. De hecho, dado el impacto beneficioso de los menores costes de insumos y del mayor poder adquisitivo real, no debería sorprender que los sectores industriales no relacionados con la energía estén mostrando fortaleza, y que el gasto de consumo esté creciendo.

¿Qué es todo este alboroto sobre una recesión?

Y no se trata solamente de la economía americana. En Europa, los datos procedentes del Reino Unido y de la eurozona continúan mostrando señales de expansión, compensando el panorama sombrío que esbozan las cifras de algunos exportadores.

¿Qué es todo este alboroto sobre una recesión?

¿Qué es todo este alboroto sobre una recesión?

Más motivos para el optimismo que para el pesimismo

La disparidad existente entre la evolución fundamental de los sectores expuestos a la energía y la del resto, tanto dentro de economías individuales como entre ellas, es reveladora: mientras áreas específicas de las economías ya sufren una marcada recesión, muchas más experimentan condiciones que abarcan desde un crecimiento moderado de la demanda hasta una expansión sólida.

Las recesiones generalizadas tienden a ocurrir cuando sectores de la economía se ven afectados por un factor común, como por ejemplo el endurecimiento de las condiciones financieras. ¿Podría el sector financiero proporcionar este factor de correlación? Por supuesto que sí, pero debemos preguntarnos si el mercado está pecando de complacencia en torno a este riesgo, o si no nos estaremos concentrando excesivamente en la probabilidad de un episodio similar al de 2008, a la luz de dicha experiencia y de la evolución reciente de las cotizaciones.

Es muy fácil caer presa del pesimismo cuando los precios del mercado parecen actuar de un modo tan contundente: contradecir el consenso aparente es muy difícil a nivel emocional. Pero tal como dijo Charlie Munger en cierta ocasión: “todo aquel al que le parezca fácil, es estúpido”.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.