Ruido de Mercado

¿Nos están diciendo algo los mercados? Interpretación de la evolución reciente de los precios

«Cuando los mercados se mueven mucho, es por algún motivo». En la mayoría de los casos, esta mentalidad nos va como anillo al dedo: tiene lugar un anuncio de beneficios, se comunica una decisión de política monetaria o se publica algún dato macroeconómico, y los mercados parecen responder (a veces) como era de esperar.

En otros, la evolución de los precios no está tan clara. En ocasiones, los mercados se mueven sin causa aparente, y uno se afana por encontrar el motivo buscando en las noticias, preguntando a intermediarios y operadores, o incluso consultando blogs para averiguar lo que está pasando.

Por desgracia, estas fuentes suelen haber hecho exactamente lo mismo que nosotros: observar la evolución de los precios primero, y luego buscar una historia que la explique. Hemos sido testigos de muchos casos en que los mercados han caído por la mañana y subido por la tarde, y los comentaristas han empleado el mismo dato para explicar ambos estados del mercado.

Hoy en día, tratar de encontrar historias que encajen con los movimientos de los precios es una práctica inútil. Los que estamos viendo es pánico, una caída correlacionada en la que activos que aparentemente no guardan relación alguna con los problemas fundamentales, pero que los inversores perciben como una fuente inmediata de liquidez, se ven afectados en igual medida –o más todavía– que activos percibidos como situados «en el ojo del huracán ».

Una característica interesante de la fase reciente es que las historias empleadas para justificar la evolución de las cotizaciones han cambiado, casi de un día para otro. Este hecho nos tranquiliza, pues sugiere que los mercados están confundidos por estos movimientos y están intentando ajustar su análisis para explicarlos, en lugar de considerar primero los hechos.

¿Ha cambiado significativamente la situación económica?

Los principales cambios se han producido en los precios, y estos pueden influir sobre los fundamentales. El precio del petróleo es más bajo que al comenzar el año –aunque no tan bajo como en enero– y muchas compañías han visto aumentar sus costes de capital. Sin embargo, los mismos riesgos que existían en la víspera del nuevo año siguen estando presentes hoy en día, al igual que las mismas tendencias positivas. Lo que ha cambiado son los precios, y nuestra aparente disposición a concentrarnos en los riesgos y no en los factores positivos.

Nuestro enfoque de inversión no gira en torno a la realización de pronósticos, así que no intentaremos defender una tesis alcista para la economía mundial. Dicho esto, en el pasado hemos hablado ampliamente sobre nuestras observaciones en torno a las numerosas señales positivas que detectamos, entre las que destacan Estados Unidos (mejora del mercado laboral, los salarios y el consumo) y los efectos estimuladores de los menores precios del petróleo.  A estas añadiría también los indicios de mejora en Europa (véase el gráfico de PIB que figura a continuación) y en otras áreas (el gráfico 2 muestra los índices PMI de varias regiones).

¿Nos están diciendo algo los mercados? Interpretación de la evolución reciente de los precios

¿Nos están diciendo algo los mercados? Interpretación de la evolución reciente de los precios

La exposición de los bancos a la energía y los sectores de materias primas

La fase actual nos parece más bien el reflejo de un miedo generalizado a una crisis financiera, precipitado en gran parte por los ecos de 2008. Las acciones bancarias han caído en todas partes, desde Estados Unidos hasta Japón y Europa, así que cualquier intento de explicar su retroceso más allá del pánico generalizado parece fútil.

Inicialmente, los comentaristas de los mercados atribuyeron las caídas de los bancos a su exposición a la energía y las materias primas, luego al impacto de los tipos de interés negativos, y ahora a los problemas de ámbito europeo que rodean a Deutsche Bank. Todos ellos tienen un elemento de verdad, pero dada la naturaleza correlacionada de las caídas de los precios a nivel global, su rapidez y la falta de una explicación coherente de por qué se están produciendo, la única justificación que identificamos es el miedo.

Es indudable que el sistema financiero está muy interconectado y que está expuesto a episodios de pánico inexorables cuando se producen retiradas masivas de capital. No obstante, tal como hemos destacado en el pasado, parece poco probable que el mercado adopte una postura complaciente frente a estos riesgos tras la experiencia de 2008 y de años posteriores. Tanto inversores como reguladores se han concentrado en esta cuestión, y no cabe duda de que los bancos están más reforzados que antes.

Esto no significa que los riesgos no estén ahí. Después de todo, ¿para qué sirven los gráficos anteriores si el sistema financiero se colapsa?  Dicho esto, no estamos convencidos de que los movimientos de los mercados de renta variable por sí mismos deban tomarse como un indicador de que los riesgos han aumentado.

La falta de munición de los bancos centrales para combatir la nueva etapa de la crisis financiera

Creemos que el vínculo entre los tipos de interés (y la política monetaria en general) y el crecimiento global se ha sobreestimado en la fase reciente. La función principal de gran parte de la actuación de los bancos centrales en los últimos años ha sido la provisión de liquidez, pero tal como muchos están reconociendo hoy en día, la relación entre estas medidas y el crecimiento es, en el mejor de los casos, limitada.

Está claro que las autoridades monetarias han sido capaces de influir sobre las curvas de tipos y los precios de la renta fija, pero las economías reales de todo el mundo se han visto impulsadas por los mismos factores de siempre: los «espíritus animales », la productividad y las estructuras de incentivos. En nuestra opinión, el mejor modo de estimular el crecimiento es a través de la política fiscal –mediante el gasto o los recortes impositivos–, y muchos países ni siquiera han comenzado a coordinar esfuerzos en esta área.

No obstante, si el problema hoy en día gira en torno a la provisión de liquidez al sistema financiero (que, como decíamos, podría muy bien estar sobrevalorada), los bancos centrales pueden seguir actuando como hasta la fecha para evitar la parálisis de dicho sistema. Unos tipos de interés bajos o negativos no suponen una limitación de esta función.

¿Qué es lo que cree usted?

 Muchos se declaran inversores a largo plazo, dotados de mayor templanza emocional que el mercado, y por consiguiente capaces de aprovechar oportunidades cuando estas surgen. La realidad es que, para que esto les funcione a unos pocos, a la mayoría deberá resultarle demasiado difícil ponerlo en práctica. Los enfoques de inversión se ponen verdaderamente a prueba en periodos como el actual, con lo que, por definición, el inversor nunca se sentirá cómodo aplicándolos.

 


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.