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La economía del lenguaje: David Hume, Bitcoin y la valoración de Facebook

Esto es una versión editada de una entrada publicada por Eric en su blog Sample of One.

David Hume fue el primer gran pensador en identificar el lenguaje, la ley y el dinero como instituciones «espontáneas» de organización social, en el sentido de que pueden surgir de forma orgánica y pasar a ser ampliamente utilizados porque hacen más fácil la vida de las personas. Hume toca con ello un tema bastante profundo, que continúa estando infravalorado hoy en día.

El lenguaje, la ley y el dinero tienen propiedades económicas muy similares. Específicamente, la amplitud de su adopción o su arraigo no se basan en su propio valor intrínseco, sino que radican en una «externalidad de red»: el valor procedente de su uso por parte de otras personas.

Hume no utiliza el lenguaje de las externalidades de red. En lugar de ello habla de «convención» y de reconocimiento del interés mutuo. Su descripción de la evolución de la ley sigue siendo profundamente perspicaz y esclarecedora:

«Observo que será en mi interés dejar a otro en posesión de sus bienes, siempre y cuando esa persona actúe de la misma manera con respecto a mí. Es consciente de un interés igual en la regulación de su conducta.

Cuando este sentido común del interés se expresa mutuamente y es conocido por ambas partes, produce un comportamiento y resolución adecuados… (esta convención) surge gradualmente y adquiere fuerza en una lenta progresión por nuestra experiencia repetida…

De manera semejante, los lenguajes se establecen gradualmente mediante convenciones humanas sin promesa alguna. De igual modo, el oro y la plata se convierten en medidas comunes de intercambio y se estiman como un pago suficiente para lo que vale cien veces más. [cursiva del autor]»

David Hume, Tratado de la naturaleza humana, Libro II, parte 2ª:
Sobre el origen de la justicia y la propiedad.

Las redes y la economía

¿Cómo puede tener esto implicaciones para los inversores? Consideremos el lenguaje, quizá el ejemplo más claro.

El lenguaje es algo que valoramos sobre todo lo demás. Si alguien lo tuviera patentado y pudiera imponer cuotas de suscripción por su uso, estaríamos dispuestos a pagar mucho por ese servicio. Por supuesto, los individuos pueden inventarse su propio lenguaje: cuesta poco hacerlo, no tiene valor intrínseco, y sus costes de producción son mínimos. Sin embargo, un lenguaje personal tiene una utilidad limitada. El valor del lenguaje radica en el hecho de que lo utilizan otras personas, y su valor para un individuo aumenta con el número de personas que lo utilizan. Esto es precisamente lo que define una externalidad de red, y también explica por qué los efectos de red tienden hacia los monopolios.

Las leyes operan de forma similar. Que un individuo establezca una serie de normas personales e idiosincrásicas que solamente siga él mismo no tiene mucho sentido. Siempre que las leyes sean justas y eficientes, las ventajas de un sistema legal para cualquier individuo aumentan cuanto más extendido esté su cumplimiento.

Eric D. Beinhocker destaca que ciertos aspectos de la economía y de la tecnología comparten esta propiedad. En su opinión, internet es un ejemplo de una situación en la que cuanto mayor es el número de usuarios, mayor es su utilidad. En su libro The Origin of Wealth (El origen de la riqueza), vincula lo anterior con la obra de Stuart Kauffman y el concepto de «punto de inflexión», en el que las redes alcanzan una masa crítica y su uso pasa a dispararse.

La economía del lenguaje: David Hume, Bitcoin y la valoración de Facebook

El dinero y Bitcoin

¿Y qué hay del dinero? De hecho, las propiedades económicas del dinero podrían ser las más cercanas a las del lenguaje. Esto podría explicar la confusión en el ámbito de la economía sobre el hecho de que algo sin «valor intrínseco» pueda ser tan valioso. El malestar psicológico que suscita este atributo explica tanto los deseos recurrentes de volver a un patrón oro como la idea que está más de moda: la de que el dinero es una deuda.

Lo cierto es que el dinero funciona como el lenguaje. Puedo crear mi propio dinero, pero dado que nadie más lo utilizará, no tendrá valor alguno. Los gobiernos se hallan claramente en una posición excelente para establecer redes dominantes. Pueden dotar a su dinero de una amplia aceptación otorgándole «curso legal» y requiriendo su uso para pagar impuestos. Aunque estos son los medios para establecer una red, la fuente del valor sólido y duradero del dinero (a menudo ante una gestión inadecuada por parte de los bancos centrales) es la externalidad de red. [1]

Todos los artificios que se han empleado a lo largo de la historia para dar «valor» al dinero son, en última instancia, medios para establecer redes. Tal como destaca Hume, incluso si el dinero tiene «valor intrínseco» (lo cual significa realmente un valor alternativo) como en el caso de monedas de oro o de plata, su valor como dinero no tarda en exceder su valor como metal precioso. La cuestión fundamental es que el dinero es extremadamente útil, y su utilidad radica en su aceptación como medio de pago por un número enorme de usuarios dispuestos a cooperar voluntariamente. Su valor para mí, como el lenguaje, reside precisamente en su valor para los demás. El proceso que describe Hume es recíproco, de interés mutuo, y aumenta con el número de usuarios. Trastocar una red de este tipo es profundamente difícil, lo cual explica la extraordinaria resistencia de los regímenes monetarios ante su reiterado abuso (incluyendo, por ejemplo, la hiperinflación). Este es el verdadero obstáculo para las innovaciones como Bitcoin; si el valor de un dinero reside en el número de usuarios, ¿cómo puede incluso una tecnología superior establecer valor? La mismísima variabilidad del valor del bitcóin es tanto un resultado de su falta de adopción amplia hasta la fecha, como un motivo de dicha volatilidad.

La economía del lenguaje: David Hume, Bitcoin y la valoración de Facebook

Facebook y Visa

La capitalización de mercado de dos compañías –Facebook y Visa– cotizadas en la Bolsa de Nueva York supera enormemente su valor en libros. En otras palabras: lo que pagan los inversores por una de sus acciones es un múltiplo elevado del valor que le atribuye la contabilidad convencional.

La economía del lenguaje: David Hume, Bitcoin y la valoración de Facebook

Para Hume, el motivo sería obvio: Facebook es «lenguaje», y Visa es «dinero». Hume fue más clarividente de lo que hubiera podido imaginar, porque también identificó la fuente del valor de algunas de las compañías tecnológicas más exitosas de la historia.

Las redes sociales tienen mucho en común con el lenguaje: utilizan palabras y usan imágenes, a menudo de forma simbólica. Snapchat es un lenguaje simbólico basado en imágenes, al igual que Instagram. Pero el valor de Facebook reside principalmente en una externalidad de red. Es una fuente de su poder monopolístico: Facebook es más útil que una alternativa tecnológicamente superior con menos usuarios. Este es el motivo por lo que las externalidades de red son difíciles de romper.

Visa opera igual que el dinero que intermedia: tiene valor porque millones de particulares, comercios, negocios, gobiernos, etc. aceptan tarjetas Visa como forma de pago. Este es el desafío al que se enfrenta cualquier nuevo innovador en este segmento: por sí sola, una tecnología superior no puede romper una externalidad de red.

En este contexto, la capitalización bursátil de Facebook o Visa no debería sorprendernos. Una ha patentado el lenguaje, y la otra tiene una licencia para crear dinero.

[1] También explica por qué, ante el despotismo o una gestión negligente, la población vuelve a emplear la divisa emitida por otras jurisdicciones, como por ejemplo el dólar.


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