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¿Existe escasez de mano de obra en el mercado laboral estadounidense?

El informe de empleo estadounidense correspondiente al mes de julio revela una fuerte creación de puestos de trabajo y una tasa de paro inferior al 5%. Tales datos sugieren, a primera vista, que el mercado laboral americano goza de una salud excelente. Sin embargo, muchos comentaristas no están convencidos de ello, y destacan los niveles persistentemente bajos de la tasa de participación en la población activa (TPPA): el porcentaje combinado de personas empleadas o que buscan empleo (en situación de paro) de la población adulta.

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Sostienen que la baja tasa de paro representa una visión demasiado optimista del mercado laboral, ya que muchos trabajadores en potencia se desaniman hasta el punto de dejar de buscar trabajo, con lo que salen de la población activa y con ello reducen artificialmente la tasa de desempleo.

Así, ¿qué narrativa debemos creernos? ¿Existe escasez de mano de obra en Estados Unidos, o no?

La tasa de participación tiene un componente cíclico: trabajadores desanimados abandonan el mercado laboral, para luego volver cuando repuntan las ofertas de trabajo y los salarios.

No obstante, la historia sugiere que los motores estructurales son significativos.

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En particular, existen tres tendencias a largo plazo que han conducido al descenso estructural de la TPPA en este siglo:

  1. El envejecimiento de los baby boomers;
  2. el fin de una tendencia creciente de participación femenina; y
  3. una tendencia de 60 años a la baja en la participación de hombres de 25 a 54 años de edad que no ha dado muestras de amainar.

Giro demográfico

El impacto demográfico es muy significativo, tal como refleja una comparativa en las tasas de participación por grupo de edad a lo largo del tiempo. De 2004 a 2014, la TPPA disminuyó del 66% al 62,9%. La mayor parte de este descenso corresponde al hecho de que la proporción de la población con más de 55 años –un grupo de edad con una tasa de participación comprensiblemente baja– ha aumentado de forma sustancial.

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Si mantenemos constante la distribución de los grupos generales de edad entre 2004 y 2014, la TPPA sería del 65,0% en lugar del 62,9% registrado en 2014. Este porcentaje es todavía inferior al de 2004 y por consiguiente sugiere cierta diferencia cíclica –especialmente teniendo en cuenta que dicho año no fue el pico del ciclo previo–, pero el ajuste en base al envejecimiento de la población arroja un descenso mucho menos marcado de la TPPA.

Nota: los porcentajes que figuran más abajo difieren de los del gráfico 3 por el hecho de que estan calculados en base a la población civil no institucional, y no a la población total.

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La tabla también revela tendencias interesantes en los distintos grupos de edad durante la última década. Contrariamente a la tendencia general, la tasa de participación en el grupo de personas mayores de 55 años ha aumentado. En cambio, los adultos jóvenes (menores de 25 años) han experimentado el mayor descenso de dicha tasa. Es probable que esto tenga un fuerte componente cíclico (tras el bajón económico de 2001 se registró una caída similar), pero también podría reflejar una decisión muy racional de los millenials a favor de ampliar su educación, dada la elevada rentabilidad que proporciona la inversión en formación académica en Estados Unidos (que parece haber aumentado).

Tendencias por género

Las demás tendencias estructurales que observamos guardan relación con el género: un descenso a largo plazo en la TPPA en el grupo principal de hombres en edad de trabajar (de 25 a 54 años) y un aumento en la participación femenina que tocó techo a finales del siglo pasado. El informe del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca ofrece un interesante análisis de la participación de los hombres de 25 a 54 años de edad en la población activa: dicho porcentaje alcanzó su punto álgido en 1954 y ha descendido de forma constante desde entonces, hasta el punto que Estados Unidos ha quedado considerablemente rezagado según esta variable a nivel internacional.

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Sus autores argumentan de forma convincente que la baja participación de este grupo refleja eminentemente una demanda insuficiente de dicho trabajo, sobre todo entre trabajadores de baja cualificación, lo cual encaja con el descenso relativo de los salarios reales experimentado por este grupo.

¿Dónde nos deja todo esto?

Los economistas deberían ser siempre humildes con sus conclusiones, más si cabe a la hora de estimar si el empleo se halla por encima o por debajo de su nivel natural (también conocido como TPNAI[1]), un concepto notoriamente difícil de determinar. El hecho de que siempre lo sabremos a posteriori no ofrece demasiado consuelo.

Una simple comparación entre la actual tasa de paro (4,9%) y la de décadas previas nos sugiere que Estados Unidos se está acercando al pleno empleo, nivel en el que cabría esperar una aceleración del crecimiento salarial. Esto parece ser lo que está ocurriendo, aunque de forma gradual.

Si tenemos también en cuenta la baja tasa de participación actual, sería razonable concluir que todavía existe cierta abundancia de mano de obra en el mercado laboral, pero mucha menos de la que sugiere el descenso general de la participación. Mientras persistan las tendencias estructurales a largo plazo observadas en la TPPA, cabe esperar que los niveles actuales de crecimiento de la economía americana conduzcan a un nuevo descenso gradual de la tasa de paro y a un repunte de la inflación salarial. Entretanto, es probable que la tasa de participación siga siendo baja, en base a la media de 20 años.

Lo anterior, no obstante, asume que las tendencias estructurales permanecen intactas. Desde una perspectiva más optimista, existe bastante margen de mejora si las políticas adecuadas logran de algún modo revertir la tendencia de participación decreciente de los hombres de 24 a 54 años. La experiencia de otros países desarrollados en los que exista la tendencia contraria podría proporcionar ejemplos. Con tantos de los problemas económicos y sociales de Estados Unidos aparentemente conectados, todo factor capaz de alentar la participación en la población activa –sobre todo entre la gente pobre, menos educada y desventajada– sería un desarrollo positivo.

[1] Tasa de paro no aceleradora de la inflación.


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