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Wedge-onomics: ¿Afecta a nuestra toma de decisiones leer (y escribir) blogs financieros?

Como creyentes en la psicología del comportamiento financiero que somos, siempre tratamos de tener en cuenta cómo fuerzas que no conocemos pueden influir en las decisiones que tomamos. Con frecuencia, las distintas formas en las que se nos ofrece la información puede ser fundamental para determinar estos sesgos.

Mucho se ha escrito sobre cómo el auge de los medios digitales en todos sus formatos está teniendo un efecto profundo en la forma en que pensamos. Un argumento habitual es que las comunicaciones de masas, más que generar un consenso y un intercambio de opiniones, podrían estar creando una mayor polarización.

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En realidad, no está claro que esta afirmación sea verdad, –este estudio de hace unos meses presenta las evidencias en EE. UU.–, pero con toda seguridad «sentimos» como si lo fuera. Sin embargo, independientemente de la dinámica social general, el nuevo análisis de cómo los medios digitales pueden incidir en nuestras actitudes a nivel personal podría ser otra herramienta fundamental para evaluar lo que de verdad nos motiva cuando tomamos una decisión.

Wedges (divisiones): ¿nos están llevando a puntos de vista más extremos?

El año pasado, Erik Fogg y Nathaniel Greene publicaron Wedged. En él, defienden que los políticos y los medios de comunicación tienen incentivos para mostrar opiniones cada vez más extremas, y esta polarización del debate puede influir en nuestra forma de pensar. Nos sentimos «divididos» cuando endurecemos nuestras propias actitudes y dejan de oírse voces más moderadas.

Cada uno de nosotros como seres humanos somos vulnerables a este proceso, debido a la forma en que configuramos nuestras creencias. Ya en 1999, Cass Sunstein observó cómo nos comportamos en situaciones de grupo y habló sobre dos fuerzas relacionadas:

  1. La primera, los «efectos en cascada» pueden hacer que las opiniones de las personas suelan ajustarse a las opiniones del grupo
  2. La segunda, la polarización puede llevar a las personas hacia opiniones más extremas si se encuentran en un grupo de personas que piensan igual

Estas fuerzas parecen derivarse de antiguos sesgos de comportamiento: queremos integrarnos en la «tribu», hacemos lo que podamos para evitar la ambigüedad y buscamos la confirmación de opiniones que ya teníamos.

Lo que Sunstein observó (y posteriormente lo explicó en dos libros) es que Internet ofrece las condiciones que sirven para intensificar la segunda de esas fuerzas. En lugar de crear un comunidad global, los medios digitales nos permiten rodearnos de otros como nosotros («cámaras de eco») y filtrar la información que recibimos (ya sea intencionadamente o a través de filtros burbuja).

¿Puede aplicarse esto a los inversores?

Si consideramos los mercados financieros en su conjunto, la idea de los efectos en cascada no es nada nueva: los inversores obtienen su recompensa si aciertan con las tendencias, los inversores profesionales tienen incentivos para fracasar de forma convencional y seguir al rebaño se convierte en lo habitual.

Pero cuando se trata de polarizar las influencias en nuestra toma decisiones, podría haber algo nuevo. La terminal de Bloomberg se lanzó en 1982 y desde hace mucho tiempo se ha parecido a twitter: un aluvión de información con pocos o ningún filtro de relevancia. Lo que ha cambiado es hasta qué punto las tácticas comentadas en Wedged predominan ahora también en la comunicación financiera.

Además del auge de las «finanzas como entretenimiento» (si esto es posible), que favorece las opiniones más extremas en canales de televisión y blogs, hay otras técnicas destacadas con mayor predominio en la actualidad.

La simplificación excesiva y la selección cuidadosa

Al lanzar el blog por capítulos y la cuenta de twitter nos han dicho muchas veces que el objetivo es que el material sea breve y que usemos el mayor número posible de imágenes.

Resulta lógico. La gente no tiene tiempo para leer todo lo que se publica y prefiere los argumentos resumidos. En el gráfico siguiente se muestran algunos de los ejemplos simplistas que ahora abundan:

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Los gráficos son especialmente poderosos, ya que reúnen todas las características que buscan los humanos. Permiten una rápida interpretación, no presentan ambigüedades y parecen datos objetivos. El mes pasado, Priceonomics publicó un artículo que trataba sobre cómo, debido a que cada vez resultan más fáciles de crear, los gráficos se han convertido en el elemento fundamental de las presentaciones.

El problema es que «ningún gráfico» puede explicar una cuestión compleja. Echemos un vistazo al reciente debate sobre el «gráfico del elefante» sobre la desigualdad en el mundo. En una cuestión que genera una profunda división, podemos ver cómo a algunos el gráfico les parece bien tal cual cuando confirma opiniones que ya se tenían, pero otros lo analizan más a fondo cuando no están de acuerdo con él. Así es como nos vemos tentados a usar todos los gráficos y como pueden entrar fácilmente en el mismo terreno que las frases sin contexto y la política de memes que encontramos en Facebook.

Tribus y confirmación

Aunque el mundo financiero lleva muchos años sufriendo una sobrecarga informativa, ahora es más fácil que nunca encontrar a alguien que comparte tu opinión. Además, aunque a los inversores les gusta fingir que son impasibles, cada vez parece más que nuestras opiniones sobre la inversión puede vincularse más estrechamente a nuestras actitudes económicas y políticas.

Las opiniones sobre si debemos comprar oro, si el próximo crac está a la vuelta de la esquina, si va a haber un periodo de estancamiento secular y cosas así a menudo están estrechamente relacionadas con nuestras opiniones sobre la sociedad. Un libertario preocupado por la influencia del Estado probablemente justificará la inversión en oro, mientras que aquellos a los que indigna la desigualdad probablemente buscarán pruebas de que es un factor que limita el crecimiento, si la renta variable británica es una compra obligatoria puede estar estrechamente relacionada con la aprobación o desaprobación política del brexit.

En Wedged, los autores nos aconsejan que tengamos con cuidado con nuestros sentimientos cuando observemos los datos: «¿Esperas que ciertos datos sean verdad y rechazar otros datos que no concuerdan con lo que ya piensas?» Los inversores siempre se han tenido que enfrentar a esto, porque perder dinero es doloroso, y es aún más doloroso aceptar que uno estaba equivocado. Si la naturaleza de los medios digitales sirve para intensificar estas emociones al relacionar la ideología con las opiniones de inversión, debemos ser cada vez más precavidos.

Conclusión: sobre escribir blogs

Al principio, cuando pensamos en lanzar un blog, mostramos varias cautelas. Las ventajas de comunicarse abiertamente con los clientes son evidentes, pero ¿expresar abiertamente las opiniones nos obliga a aferrarnos a ellas? ¿Estaríamos menos dispuestos a aceptar un error o un cambio en los hechos simplemente porque defender una idea nos ha expuesto a un sesgo de confirmación?

Llegamos a la conclusión de que gran parte de nuestro blog serían reflexiones propias, análisis de las influencias del comportamiento en nuestro pensamiento y el de otras personas. La consecuencia es que esto debería servir de protección frente a algunos de los desafíos, ya que para evitar los sesgos es fundamental conocerse a uno mismo.

Queda por ver si esto será así, pero parece que con influencias nuevas y cada vez más poderosas procedentes de la naturaleza de la comunicación actual, tratar de identificar y protegerse contra los sesgos podría ser más importante que nunca.


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