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¿Aprenderán algo los inversores de las elecciones? Probablemente no.

Tantas horas de análisis perdidas.

El sector de la inversión ha generado innumerables páginas de contenidos sobre las elecciones estadounidenses: quién ganaría, cómo reaccionarían los mercados, cómo protegerse contra el riesgo y generar rentabilidades, etc. El consenso apuntaba a que el resultado sería muy ajustado, pero otorgaba mayores probabilidades de victoria a Clinton. Con toda seguridad, una victoria de Trump provocaría aversión al riesgo (risk off), mientras que el triunfo de Clinton traería consigo un repunte de alivio.

No queremos escribir otro artículo sobre el ridículo de los pronósticos. Si no conocen este argumento, ya lo comentamos aquí, al igual que han hecho tantos otros. En resumen, sabemos que los seres humanos pierden mucho tiempo sorprendiéndose por las cosas que pasan y, sin embargo, les cuesta aprender de sus errores. El verdadero problema para la mayoría de nosotros es que no reconocemos que al decir «los seres humanos», nos incluimos a nosotros mismos.

Las encuestadoras y el consenso

En los días y semanas anteriores a las elecciones presidenciales estadounidenses, la mayoría de las encuestas otorgaba a los candidatos niveles similares de apoyo, con una ventaja muy ligera para Clinton.

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Nate Silver, quien destaca por su gran historial, señaló que «hay un amplio abanico de resultados y la mayoría de ellos apunta a Clinton». Es un argumento matizado con importantes advertencias que cuestiona profundamente la forma en que pensamos en las probabilidades (¿qué significa en realidad un 70% de probabilidades de victoria de Clinton?). El hecho de que muchos decidieran creerse los datos que arrojaban las encuestas pone de manifiesto nuestro deseo innato de simplicidad y seguridad. El resultado de las elecciones no desacredita las encuestas ni las encuestadoras, solo a aquellos que las usan incorrectamente.

Para muchos analistas del mercado, la experiencia del brexit nos ha hecho ser más precavidos a la hora de interpretar las encuestas, pero aun así el consenso seguía apuntando a una victoria de los demócratas. Además, la posterior reacción de los análisis del mercado sugiere que la victoria de Trump supuso una sorpresa para bastantes analistas mucho mayor de lo que puede deducirse de sus análisis previos a las elecciones (a pesar de la tentación habitual a decir aquello de «algo me decía que iba a ganar»).

La reacción de los precios

La opinión generalmente aceptada era que la noticia de una victoria de Trump sería una mala noticia para los mercados. Antes de las elecciones, algunos analistas habían llegado incluso a afirmar que la presidencia de Trump «probablemente provocaría un crac bursátil y una recesión mundial». Por supuesto que esto aún podría pasar en el futuro. Pero en realidad no lo sabemos. Solo sabemos que la fase inicial de aversión al riesgo duró apenas unas horas, antes de que la tendencia se invirtiera en algunos activos.

La reacción inmediata del mercado fue una clara aversión al riesgo. Los participantes del mercado recordaron lo que sucedió con el brexit. El dólar estadounidense se depreció, los bonos repuntaron y las acciones se vieron afectadas por una ola de ventas. Pero todo fue una reacción instintiva que apenas duró unas horas. Es algo que se entiende mejor si nos fijamos en el comportamiento del yen japonés: habría hecho falta un timing muy preciso para dejarse llevar por el efecto Trump.

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Los mercados cerraron a la baja el 9 de noviembre, pero justo después el ánimo cambió. El dólar repuntó, los bonos comenzaron a venderse de forma masiva y las bolsas de los países desarrollados repuntaron. El peso mexicano siguió debilitándose, al igual que muchos mercados emergentes.

Entretanto, por lo que respecta a la economía estadounidense, los análisis dejaron a un lado el impacto negativo sobre el crecimiento que tendrá el proteccionismo de Trump y pasaron a centrarse en el impulso al crecimiento que supone el gasto en infraestructuras y la desregulación. Los valores financieros parecieron sentirse más cómodos con una curva de tipos más pronunciada, los valores industriales apreciaron las perspectivas de crecimiento y los valores farmacéuticos y biotecnológicos reaccionaron a la eliminación de los límites máximos de precios que se habrían aplicado con Clinton en el Gobierno. Los mercados de renta fija dejaron de ser un activo «refugio seguro», ya que los inversores comenzaron a preocuparse por las subidas de los tipos de interés y la inflación.

Muchos utilizan términos como «comportamiento de aversión al riesgo» y «refugios seguros» sin especificar nada más. La mayoría de nosotros seguimos una regla general basada en nuestra propia experiencia y nos referimos normalmente a activos como los treasuries, el oro y el yen como los beneficiarios de un «entorno de aversión al riesgo». Algo que hasta ahora no ha sucedido.

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Esto nos recuerda que los activos más seguros deberían ser aquellos en los que más confiamos que proporcionarán una rentabilidad positiva en nuestro horizonte de inversión, no los que esperamos que compren otros en determinados momentos.

Aprender lecciones

«Hay dos tipos de economistas: los que no tenemos ni idea y los que no saben ni eso». John Kenneth Galbraith

Cuesta admitir que no sabemos gran cosa acerca del futuro, pero es fundamental. Ya se trate de política, economía o de la evolución de los mercados financieros, la conclusión es parecida. Lo sucedido en las elecciones estadounidenses y sus consecuencias debería servir para recordarnos una cosa: los humanos estamos programados para hacer caso omiso a la lección. En lugar de considerar nuestras repetidas sorpresas como indicios de que hacer pronósticos quizá no sea lo nuestro, olvidamos enseguida hasta qué punto nos sorprendimos y volvemos a hacer nuevos pronósticos.

En medio de todo el ruido sobre cómo se conformará el equipo de Trump, el tipo de políticas que podrá aplicar, cuál será la reacción de la Fed, si el populismo es un fenómeno global y el impacto en otros países, vale la pena pararse, tomar un respiro y recordar que probablemente nos seguirán sorprendiendo. Para ello, es importante echar la vista atrás a lo que creíamos en el pasado.

Por ejemplo, fijémonos en el cambio en los treasuries a 30 años. Las rentabilidades (TIR) han subido hasta alcanzar sus niveles más altos en un año. Podemos atribuirlo a los recientes movimientos por las noticias sobre las elecciones, aunque las rentabilidades de los bonos ya habían comenzado a subir desde sus niveles mínimos de julio en respuesta a las noticias de mayor crecimiento mundial, incluido el crecimiento chino. Pero importa más cómo los inversores, y nosotros mismos, hemos cambiado nuestras perspectivas. En enero y febrero, con rentabilidades (TIR) del 2%, el consenso apostaba por una recesión global y el riesgo de reducir las propiedades de los bonos en una cartera parecía evidente. ¿Por qué tendría que haber cambiado la situación? ¿Estaban equivocados los mercados entonces o lo están ahora?

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Echar la vista atrás para ver cómo han cambiado nuestras ideas sobre cuestiones como estas es mucho más útil para los inversores que no buscar cada vez más noticias sobre el equipo político de Trump. Sin embargo, es mucho más incómodo y ofrece menos oportunidades hablar con gran conocimiento en conferencias, conseguir «Me gusta» en Twitter o causar impresión en cenas. Parece improbable que los seres humanos vayan a perder alguna vez este deseo de estatus y seguridad, por lo que siempre debería haber oportunidades para los inversores que deseen mirar más allá y centrarse en lo que de verdad importa.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.