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¿Son irracionales los inversores en renta fija de hoy en día?

A lo mejor ha oído ya el siguiente supuesto: «Imagine que si invierte 70.000 €, yo le ofrezco una apuesta a cara o cruz. Si sale cara, gana usted 14.000 €, si sale cruz pierde 7.000 €.” ¿Debería usted aceptar la apuesta?

A comienzos de 2016, el Banco de Japón (BoJ) realizó esta pregunta a 25.000 personas en el marco de una encuesta sobre conocimientos financieros. Casi un 80% de los encuestados afirmó que no aceptarían la apuesta, lo cual el BoJ interpretó como que el 80% de las personas mostraba una «fuerte aversión a las pérdidas».

La aversión a la pérdida –la tendencia a sentir más intensamente el dolor de las pérdidas que el placer de las ganancias– es un «sesgo» conductual bien documentado. La pregunta anterior suele utilizarse para medirla: en teoría, uno debería aceptar la apuesta, porque su «rentabilidad esperada» es positiva (del 5%), lo cual implica que no hacerlo es «irracional».

Dicha aversión se emplea para explicar, en parte, la diferencia de valoración existente hoy en día entre la renta variable y la renta fija (ilustrada en el gráfico que figura más abajo). Pese a las rentabilidades esperadas aparentemente más elevadas que ofrecen las acciones, muchos inversores se inclinan por los bonos porque el posible dolor de una pérdida es muy inferior (un fenómeno quizá más evidente en Japón que en ningún otro mercado).

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¿Es razonable esta conclusión? Incluso dejando a un lado las ambigüedades de la pregunta del BoJ (¿Se trata de dinero propio o del dinero de la casa? ¿Cuál es mi patrimonio inicial?), el concepto de la rentabilidad esperada es complicado para el inversor individual. Uno no va a lanzar la moneda repetidamente, sino que lo hará solamente una vez. En este sentido, las probabilidades pueden expresarse del siguiente modo: «tengo una posibilidad de tres de sentirme decepcionado (puedo jugar y perder, puedo jugar y ganar, o puedo decidir no jugar)».

Algo similar ocurre cuando los inversores optan por abandonar los mercados de renta variable. Es cierto, la historia sugiere que uno debería ganar de media o en el largo plazo, pero no vivimos en un mundo «de media» y el orden en que uno recibe dicha rentabilidad es importante. Muchos no dispondrán de tiempo para esperar recuperar su inversión tras un desplome bursátil, y otros sospecharán que existe un riesgo no despreciable de perder toda su inversión antes de poder experimentar el largo plazo. Ignorar este hecho es ser víctima del problema del pavo de Nassim Nicholas Taleb (e inicialmente de Bertrand Russell):

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De media, el pavo del Día de Acción de Gracias es alimentado con frecuencia diaria, pero ese dato no resulta de mucha ayuda cuando llega ese día fatídico. Mucha gente considera que la inversión en renta variable muestra las mismas propiedades: el sistema es «no ergódico», la trayectoria de las rentabilidades es importante, y cuando existen niveles elevados de apalancamiento en el sistema, es probable que el «riesgo del pavo» sea mayor.

Por consiguiente, es excesivamente simplista calificar de irracionales a muchos casos de aversión a las pérdidas, incluida la actual preferencia por la renta fija frente a la renta variable. Como suele ser el caso, la intuición humana puede ser más útil que la fría racionalidad.

Lo que sí es irracional es la tendencia a temer en mayor medida descalabros de las acciones tras haberse experimentado uno, y menos cuando las rentabilidades de la renta variable han sido sólidas. También es igual de irracional minimizar el riesgo de la renta fija. Como hemos podido constatar durante las últimas semanas, tener bonos en cartera no es lo mismo que «no jugar». La tesis bajista en muchas áreas del mercado de deuda soberana no se basa en la idea de que el mercado muestra una aversión «irracional» a las pérdidas, sino en el hecho de que las rentabilidades (TIR) que ofrecen actualmente estos bonos remuneran muy poco los riesgos que asumen los inversores al invertir en ellos.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.