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2016 no ha sido más sorprendente que otros años: simplemente nos ha sorprendido de otra forma

Algunas sorpresas dan la sensación de ser más sorprendentes que otras. Cuando un acontecimiento tiene un desenlace binario, como por ejemplo unas elecciones, uno puede comparar de forma clara e instantánea el resultado registrado con el que anticipaba. En tal caso, hablamos de «conmociones».

En cambio, cuando algo cambia a lo largo del tiempo –como por ejemplo el precio del petróleo, el crecimiento de una economía o los tipos de interés– nuestras creencias evolucionan con ello. Por consiguiente, solemos olvidar lo sorprendente que es el desenlace final respecto a nuestro punto de partida. En estos casos, todos los sesgos conductuales habituales –retrospectiva, confirmación, miopía– entran en juego.

Es probable que 2016 se considere como un año de sorpresas, porque ha sido escenario de varias conmociones. No obstante, y pese a la relevancia de dichos «shocks» para los inversores, la segunda modalidad de sorpresa suele ser más importante para las rentabilidades de sus carteras.

A continuación figuran algunos ejemplos de las enormes sorpresas que nos ha deparado el pasado año, quizá menos destacadas que el brexit, Trump y compañía, pero tan importantes como dichos acontecimientos para la rentabilidad de los inversores. El siguiente gráfico muestra las expectativas implícitas de tipos de interés en Estados Unidos hace unos doce meses.

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A comienzos de 2016, se preveía que la Fed situara los tipos en 2020 en torno al 1,4%. La Fed acababa de endurecer su política monetaria, pero se esperaba que el crecimiento iba a permanecer bajo, frenado principalmente a la coyuntura internacional.

A mediados de año, sin embargo, la situación había cambiado radicalmente. En enero y febrero de 2016, todo el mundo hablaba de una recesión global inminente debido sobre todo a los efectos del precio del petróleo, lo cual suscitó una respuesta de las cotizaciones y una cobertura mediática brutales.

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En junio, los futuros reflejaban la expectativa de que los tipos permanecería en el 0,6% hasta 2020.

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Seis meses más tarde, los tipos de interés ya superaban dicho nivel. Entre tanto, el mercado de renta variable estadounidense continúa registrando máximos históricos. Los llamamientos a «venderlo todo» han dado paso, en el curso de doce meses, a debates sobre las ventajas de invertir de cara a las políticas reflacionarias de Trump, lo cual representa un giro radical.

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La opinión de consenso ha sufrido golpes fortísimos: lo que muchos creían a comienzos de año se había ido al traste en los meses veraniegos, y más tarde en Navidad. No obstante, tales acontecimientos  reciben mucha menos cobertura mediática, porque la psicología humana tiende a verse más atraída por las sorpresas de tipo «conmoción» y a minimizar –de la mano del sesgo retrospectivo– la evidencia de que estábamos equivocados.

Cambios (no) sorprendentes en lo que importa para los inversores

A menudo nos vemos sorprendidos sin saberlo, tal como ilustra el modo en que los temas del día cambian con el tiempo. El siguiente gráfico muestra los temas más populares en la Mesa Redonda del Financial Times de diciembre de 2015, entre los que cabe destacar el crecimiento, China, el petróleo, las materias primas y Europa.

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Un año más tarde, podemos ver cómo han cambiado las cosas, dominadas por Trump, la perspectiva de brexit, las políticas de las autoridades y el comercio. China sigue siendo un tema importante, pero el petróleo y las materias primas han pasado a un segundo plano.

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Lo que debería sorprendernos más es que lo que realmente importa para los mercados suele ser muy diferente a lo que anticipábamos. Además, este tipo de sorpresas ocurren cada año, no solamente en 2016. Afortunadamente, esto puede crear oportunidades para los inversores: en nuestra opinión, es lo que crea episodios en los mercados.

Generar rentabilidad a partir de «conmociones» frente a otras sorpresas

Todo aquel que haya ganado dinero por el hecho de haber acertado el desenlace de las principales sorpresas de 2016 –como por ejemplo el voto a favor de la salida del Reino Unido de la UE, las elecciones presidenciales en Estados Unidos y el referéndum italiano– probablemente lo ha hecho en una casa de apuestas y no en los mercados financieros.

Incluso si hubiéramos sabido los resultados de antemano, la respuesta de las cotizaciones fue contraria a lo que cabía esperar. Por ejemplo, antes de las elecciones estadounidenses, la mayoría de los comentaristas sugerían que una victoria de Clinton provocaría un «rally de alivio» de los activos de riesgo, mientras que una victoria de Trump se traduciría en «comportamiento averso al riesgo». En cambio, tras la elección de Trump, la renta variable registró una buena evolución y la deuda soberana mostró debilidad.

Dicho esto, concentrarse en sorpresas potenciales menos destacadas respecto al consenso puede resultar más rentable.  Si un inversor hubiera observado que las opiniones de consenso a mediados de 2016 representaban un giro enorme en las creencias del mercado sin apenas cambios en los datos, habría podido explotar la corrección de los episodios en renta variable y renta fija acontecida durante el resto del año. Cuando los precios de mercado sugieren que este peca de confianza respecto al futuro, podríamos hallarnos ante oportunidades con rentabilidades atractivas.

Lo bueno de 2016 es que todos nos hemos dado cuenta de lo sorprendente que es el mundo. Los inversores deberíamos anticipar tales sorpresas, y tomar medidas para guardarnos de nuestra propia certidumbre. Cuando el mercado muestra un exceso de confianza, es cuando surgen oportunidades de inversión.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.