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¿Exuberancia racional? Instintos animales, Robert Shiller y Donald Trump

Los inversores nos preguntan a menudo si buscar «episodios» que sirvan como oportunidades de inversión puede ser peligroso. Al fin y al cabo, si los inversores entran en pánico, ¿podría el pánico hacerse realidad?

Claro que puede y, hace dos semanas en un discurso, Robert Shiller apuntó algunas de las razones que lo explican, durante su intervención sobre la «economía narrativa» en la Asociación Estadounidense de Economía (AEA). En ella explicó cómo las historias que nos contamos a nosotros mismos y la forma en que se difunden tienen repercusiones importantes para lo que sucede en la economía real. En particular, se centró en el papel que desempeñan las historias para crear las condiciones favorables a una recesión.

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Centrándose en los casos prácticos de la recesión de 1920, la Gran Depresión de la década de 1930 y la crisis financiera de 2008, Shiller analizó cómo las personas y las empresas llegaron a tomar la decisión de gastar menos, que en el fondo es lo que caracteriza a una recesión.

Habló de la importancia que tienen las historias al promover el pesimismo y moldear las expectativas de maneras que los modelos económicos sencillamente no pueden reflejar.

Las historias no solo son importantes para las recesiones, el propio Shiller escribió ampliamente sobre la burbuja inmobiliaria y la burbuja de las bolsas de los últimos años de la década de 1990. O bien tengamos en cuenta la hiperinflación y los pánicos bancarios, ambas poderosas fuerzas económicas provocadas por cómo perciben el futuro hombres y mujeres normales y corrientes. Mostrar colas de gente tratando de sacar sus depósitos o compradores o clientes comprando hasta dejar vacías las estanterías puede tener un impacto mucho mayor que cualquier conjunto de datos.

¿Son las historias más importantes que nunca?

Hoy, mientras Donald Trump es investido presidente de Estados Unidos, se está prestando gran atención a la importancia de la narrativa. Para Shiller, Donald Trump es un «maestro de la narrativa» y, al igual que a los votantes del brexit antes, a los votantes de Trump a menudo se les ha descrito como personas seducidas por historias «populistas». Existe la sensación de que dominar la narrativa es ahora más importante que nunca y, anteriormente, ya comentamos cómo el resultado podría ser la polarización.

La capacidad o lo que sea que tiene Trump para controlar la narrativa será profundamente interesante para los economistas. Podría decirse que todas las medidas adoptadas por los bancos centrales se basan en tratar de impulsar los « instintos animales»: se supone que los tipos más bajos nos hacen prestar dinero para favorecer la actividad productiva, el respaldo a los bancos trata de restablecer la «confianza» y las «previsiones futuras» sirven para gestionar las expectativas.

Curiosamente y puede que casualmente, hay algunos indicios que apuntan a que los  instintos animales están repuntando justo que ahora Trump llega al poder. La confianza empresarial ya estaba mejorando desde niveles sumamente bajos en muchos lugares del mundo:

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Los datos comparables del consumo van a la zaga y de momento muestran una menor mejora, mientras que los máximos históricos registrados recientemente por las acciones estadounidenses han acaparado los titulares.

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La pregunta que nos hacen los inversores más recientemente es: «¿son los inversores demasiado optimistas acerca de Trump?» Como hemos señalado, no todos los recientes movimientos de los precios pueden atribuirse a Trump. Además, los efectos del optimismo sobre la economía real son enormemente complejos. Muchos han afirmado que Trump no podría cumplir un buen número de sus promesas debido a las limitaciones presupuestarias. Esto es cierto, pero solo presuponiendo que «todo lo demás se mantiene igual». Si Trump fuese realmente capaz de provocar una mejora de los  instintos animales, el crecimiento le daría mucho más margen de actuación.

Las interrelaciones entre los indicadores fundamentales y las actitudes son sumamente complejos, lo que solo explica además por qué es casi imposible pronosticar los indicadores fundamentales (una idea estrechamente relacionada con la teoría de la reflexividad de George Soros). Los inversores tienen que aceptar la complejidad que pueden generar las narrativas, aunque evitando ser víctimas de historias cómodas que a menudo llevan a tomar decisiones equivocadas.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.