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La creciente dispersión de las acciones estadounidenses no significa que los inversores estén ignorando la incertidumbre macroeconómica

Los últimos cinco años han sido duros para las gestoras de renta variable en Estados Unidos. En general, la correlación entre distintas acciones ha sido elevada, y su dispersión ha sido baja.

Esto ha significado que, incluso seleccionando las acciones adecuadas, se ha obtenido una menor remuneración, ya que las acciones más destacadas no han sido mucho más rentables de media. La dispersión suele discutirse en el marco del debate de la inversión activa frente a la inversión pasiva, pero también puede revelarnos aspectos interesantes sobre la naturaleza de los motores del mercado.

¿Por qué ha sido baja la dispersión en los últimos años?

Un argumento habitual es que las acciones tienden a mostrar un comportamiento similar cuando los grandes temas macroeconómicos determinan la evolución de los mercados. Esta idea parece intuitiva: los inversores estarán menos dispuestos a concentrarse en las perspectivas de una compañía individual si lo que está en juego es la propia supervivencia del sector bancario estadounidense.

Esto puede verse en el siguiente gráfico, que muestra una media móvil de la dispersión de las rentabilidades semanales de los sectores estadounidenses de S&P. La dispersión disminuyó considerablemente durante los años siguientes a la crisis financiera, y ha permanecido relativamente baja hasta hace poco.

Ello coincide con lo que ha ocurrido a nivel de acciones individuales en Estados Unidos, pero también con la tendencia a nivel mundial. El gráfico 2 muestra medidas de dispersión en Europa y los mercados emergentes (variación por países), e ilustra el mismo declive tras la crisis, así como el reciente repunte.

Estas tendencias reflejan las observaciones realizadas por Ritu sobre la correlación en el Equities Forum el mes pasado. Actualmente, la renta variable muestra un comportamiento más dispar que a mediados del año pasado y durante la mayor parte del periodo transcurrido desde la crisis financiera.

¿Por qué ha repuntado la dispersión?

Este repunte de la dispersión (y el descenso de la correlación) ha confundido a muchos. Siguiendo la regla de tres sobre el riesgo macroeconómico mencionada antes, ¿acaso no cabría esperar lo contrario? Después de todo, da la sensación de que la incertidumbre macroeconómica es muy elevada, tal como comenté en diciembre. En cualquier caso, ¡Donald Trump la tiene que haber elevado por fuerza en Estados Unidos!

El hecho de que la volatilidad implícita de la renta variable estadounidense –y de muchos otros activos a nivel mundial– se haya mantenido cerca de sus mínimos recientes ha dado pie a una confusión similar.

La semana pasada también discutí si los movimientos de los precios de los activos eran indicativos de complacencia en Europa. En última instancia, la confusión parece obedecer a dos elementos:

  1. Olvidamos de dónde venimos. En enero hablé de los peligros del «pensamiento de los mercados eficientes»: de la tendencia a creer que todos los movimientos de las cotizaciones tienen que deberse a un motivo concreto, y a ignorar el hecho de que los activos quizá cotizaban a precios anómalos desde un principio. Como ya he manifestado muchas veces, la primera mitad de 2016 se caracterizó por un profundo pesimismo. Los mínimos de dispersión alcanzados en febrero pueden verse en los gráficos 1 y 2 anteriores. La simple corrección de los fuertes movimientos del primer semestre de 2016 representa gran parte del «año de dos mitades» marcado por los precios.

 

  1. La incertidumbre macroeconómica no siempre afecta a todas las compañías del mismo modo. Aunque parte del repunte de la dispersión representa sencillamente la desaparición de las fuerzas que habían impulsado a los mercados durante el periodo precedente, esto no explica por qué la dispersión en Estados Unidos alcanzaría un nivel elevado. Para ello, tenemos que analizar las particularidades del entorno actual.
    Trump ha elevado la incertidumbre, pero también ha realizado declaraciones de política muy específicas, susceptibles de dar pie a claros ganadores y perdedores. Esto ha coincidido con un desarrollo más importante si cabe: el entorno de tipos de interés crecientes ha brindado un fuerte impulso a los bancos estadounidenses, y ha supuesto un reto para las compañías de consumo básico. Así puede verse en el gráfico siguiente (aunque el efecto mencionado también se verá exacerbado por el reajuste a nueva base 100).

En el Reino Unido se verá un patrón similar tras el brexit. El voto a favor de la salida del país de la UE ha creado incertidumbre macroeconómica, pero las acciones no se moverán todas al unísono, debido al papel de la libra esterlina en compañías con ingresos en el extranjero frente a las que solamente operan en el Reino Unido.

Muchos comentaristas se muestran preocupados por la naturaleza de las recientes subidas de la renta variable, y confundidos por el hecho de que se hayan producido frente a un aparente aumento de la incertidumbre macroeconómica. Este podría ser un argumento válido, pero la dispersión bursátil no debería utilizarse como prueba del mismo.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.