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Los hogares estadounidenses: ¿más prósperos que nunca?

Los lanzamientos de misiles de Corea del Norte, los tuits de Trump, el huracán Harvey, las negociaciones del TLCAN, las batallas en torno al brexit… a los periodistas no les faltan temas para mantenerse ocupados.

Por supuesto, algunos de los acontecimientos que acaparan actualmente los titulares podrían conllevar cambios profundos e inesperados, susceptibles de afectar de forma duradera a los mercados financieros. Pero al mismo tiempo, quizá no lo hagan: sucesos devastadores de ámbito local, como por ejemplo el huracán Katrina (2005) o el tsunami y accidente nuclear de Fukushima (2011), solamente tuvieron consecuencias transitorias. Por lo que respecta al riesgo político, a los mercados siempre les ha costado mucho evaluar tanto probabilidad como trascendencia. No obstante, siempre ha estado presente y no puede evitarse, con independencia de lo difícil que resulte pronosticar desenlaces. En cualquier caso, las sorpresas potenciales tienden a esconderse en acontecimientos imprevistos, no en aquellos que ya acaparan la atención.

Sigilosamente, fuera de los titulares, los datos económicos cotidianos suelen tomar el pulso a la actividad económica global. A excepción de épocas de crisis o de sorpresas dramáticas, estos informes rara vez aparecen en primera plana. De forma acumulada, sin embargo, estas estadísticas –junto a los resultados publicados por las compañías– revelan el lento avance de la economía mundial. En última instancia, la rentabilidad obtenida por los inversores a lo largo del tiempo viene determinada por la evolución de los datos económicos y de los beneficios corporativos, y no tanto por los acontecimientos que protagonizan los titulares de cada día.

El informe de confianza de los consumidores estadounidenses publicado por el Conference Bureau aportó un dato fascinante que no ha dominado los titulares esta semana. Según el informe, los hogares estadounidenses creen que su situación económica actual –reflejada por su opinión sobre las condiciones empresariales y de empleo– está mejorando y que rara vez se ha visto superada en el último medio siglo.

Gráfico 1: Los hogares de EE. UU. profesan optimismo

Este dato no encaja en absoluto con la opinión popular y parcial de los votantes desafectos estadounidenses, que en su desesperación se han rebelado contra el comercio, la tecnología y la desigualdad (temas nada desdeñables). El dato más bien refuerza la idea de que el gasto de consumo en Estados Unidos está bien apuntalado en su conjunto, una visión respaldada por una de las tasas de paro más bajas de los últimos cincuenta años.

Por otra parte, las revisiones de los pronósticos de consenso de crecimiento global apuntan en una dirección similar. El siguiente gráfico representa la expectativa media de crecimiento de una muestra de participantes del mercado y economistas profesionales. Por ejemplo, el inicio de la línea púrpura muestra que, a comienzos de 2015, la expectativa media de crecimiento global nominal para 2016 era del 6,3%. Dicha expectativa se revisó gradualmente a la baja a lo largo de 2015 y 2016, y el crecimiento registrado acabó siendo del 5%.

El gráfico revela que, tras una serie de cifras de crecimiento estructuralmente inferiores a lo anticipado, ahora estamos siendo testigos de revisiones al alza de las previsiones.

Gráfico 2: Revisiones al alza de las expectativas de crecimiento global

Esto no nos dice nada sobre si los precios de los activos son atractivos o no; al fin y al cabo, uno siempre puede pagar demasiado incluso cuando los fundamentales son sólidos . No obstante, estos desarrollos fundamentales tan positivos parecen contradecir la narrativa actual.

El mundo nunca está exento de problemas, pero en su conjunto, los datos macroeconómicos procedentes de las principales economías están siendo alentadores.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.