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El lenguaje de la volatilidad: Facebook y los bonos japoneses

¿Recuerda cuándo fue la última vez que la mayoría de los comentarios financieros afirmaron que la volatilidad del mercado era demasiado baja? Fue, desde luego, un caso anómalo.

La mayoría de las veces, los comentarios nos pintan un panorama muy diferente de los mercados. Los precios de los activos «caen en picado», «se desploman», «se hunden» y, por supuesto, «se estrellan». O «suben con fuerza», «dan un salto» o «se disparan». La mayoría de quienes apenas prestan atención al mundo de la inversión podrían pensar, y con razón, que los mercados son muy volátiles todo el tiempo.

La derrota de los valores tecnológicos

La semana pasada vimos algunos buenos ejemplos de ello. Facebook y Twitter se desplomaron en torno a un 20% cada una el jueves, lo que dio pie a todos los tópicos. Una simple búsqueda de la palabra «desplome» en Google News revelaba su prevalencia.

En este caso, este uso del lenguaje puede estar justificado. La caída de Facebook fue la mayor pérdida sufrida en un solo día de la historia de EE. UU. (en cuanto a capitalización bursátil, no a porcentaje) y cualquier inversor que pierda un 20% en un día estaría sumamente preocupado. Como era de esperar, se dijo que estos movimientos eran una «derrota».

Sin embargo, el contexto es importante. La caída de Twitter únicamente ha devuelto el precio de la acción a su nivel de finales de mayo (y continúa más de un 40% por encima en lo que va de año), mientras que Facebook ha vuelto al nivel en el que comenzó el año.

Además, estos movimientos tampoco deberían sorprender a nadie. En abril escribí brevemente sobre por qué cabía esperar una alta volatilidad de estos valores en general («incertidumbre del modelo de precios»). Si creemos que los mercados tienden a depender de factores humanos, podríamos añadir que, por su propia naturaleza, el rápido ascenso sin apenas noticias que habían registrado estos valores les hizo más vulnerables de lo normal a un revés de este tipo.

Bonos de gobierno de Japón

Quizá resulte menos adecuado describir como «fuerte repunte» la subida de los bonos de gobierno de Japón de principios de la semana pasada, como aquí, aquí y aquí:

Una vez más, podemos justificar la importancia de este movimiento. La noticia podría ser importante en un contexto en el que el Banco de Japón está tratando de corregir la rentabilidad, pero las rentabilidades (TIR) solo han alcanzado los niveles registrados a principios de febrero. Desde una perspectiva a largo plazo, el movimiento es solo una anécdota.

Esto no quiere decir que no sea importante. El hecho de que la mera especulación sobre un cambio de política pueda provocar indicios de pánico demostraría la fragilidad de las ideas de los inversores, pero el movimiento en sí mismo será irrelevante para la mayoría de los inversores.

¿Importa el lenguaje?

Este tipo de lenguaje que hemos comentado arriba no se limita al mundo financiero. En mayo, el escritor y presentador Jonathan Meades habló sobre cómo los medios de comunicación utilizan el lenguaje para crear una sensación de urgencia y cómo palabras que casi nunca se utilizarían en la vida real pueden convertirse en habituales en los medios. (Algo evidente en los comentarios financieros, puesto que, excepto en los canales de noticias financieras o los artículos financieros, nunca he oído a nadie decir que una acción «se desploma» o «se dispara»).

Lamentablemente, lo que en otro tipo de noticias solo resultaría molesto, en la inversión puede afectar negativamente a nuestras percepciones y toma de decisiones.

Los académicos han señalado que cuando la información sobre los precios iba acompañada de «noticias» explicativas sobre la situación económica, la rentabilidad de los inversores empeoraba (aquí, en contenido de pago y aquí). Según un estudio de 2005, los comentarios de los mercados solían utilizar imágenes de acciones voluntarias cuando los mercados subían («trepar», «saltar», «dispararse», «subir con fuerza»), pero empleaban un lenguaje más pasivo cuando bajaban («caer», «se desploman», «se hunden»). Los autores daban a entender que los humanos tienden a interpretar inconscientemente que en las subidas la tendencia probablemente vaya a continuar, mientras que las bajadas serían pasajeras.

Puede que estos argumentos sean algo exagerados, pero coinciden con un buen número de evidencias que demuestran cómo la forma en que se nos presenta la información influye en nuestra manera de interpretarla.

El pánico y la negatividad

Como es evidente, decir que los mercados están siempre «disparándose» o «desplomándose» genera una respuesta emocional. Puede servir para aumentar nuestra tendencia natural al miedo, al pánico o al entusiasmo.

Este impacto será mayor para quienes tengan una interacción limitada con los mercados (es decir, la mayoría de la gente). Puesto que a muchas personas las finanzas les parecen aburridas, no es probable que salgan en las noticias salvo en caso de acontecimientos extremos. Además, por la forma en que los humanos consumen y producen los medios de comunicación, se tiende a destacar lo negativo. Es por ello que oímos hablar de despidos laborales y de la muerte del comercio físico tradicional o de los «miles de millones de pérdidas de la bolsa», pero no tanto de los empleos que se crean o del aumento de la capitalización bursátil cuando suben las acciones.

Por tanto, la mayoría puede pensar, y con razón, que los mercados son muy caóticos y que invertir es una «montaña rusa» (otro tópico). Esto puede ser peligroso: los no profesionales pueden verse desmotivados para invertir de cara a su jubilación, mientras que la exageración de los movimientos a corto plazo puede acortar los horizontes de inversión de todos nosotros. Si no queremos perder la perspectiva, la clave será una mayor formación y disciplina.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.