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El otro riesgo de impago: la renta variable estadounidense

Una de las principales tendencias de mercado en lo que va de año ha sido la rentabilidad superior del mercado de renta variable de EE. UU. en comparación con la mayoría de las regiones globales restantes. Sin embargo, si tenemos en cuenta que algunos consideran los movimientos estadounidenses como «el ciclo alcista más largo de la historia» y que prevalece el sentimiento de que la economía del país se encuentra en un «final de ciclo», ¿debería preocuparnos que el mercado haya tocado techo? ¿Está el mercado estadounidense ante una posible «burbuja»?

La rentabilidad superior de la renta variable de EE. UU. en contexto

La rentabilidad superior de EE. UU. de por sí no ha sido inusual en la etapa posterior a la crisis financiera, lo que no ha sido habitual es que las rentabilidades estadounidenses fueran tan positivas cuando en otras partes del mundo eran negativas.

Cabe destacar que esta rentabilidad superior también parece tener más importancia porque ha coincidido con un momento de gran nerviosismo acerca del crecimiento fuera de los EE. UU. y las presiones en los mercados emergentes. Esta situación difiere de lo ocurrido en la última década, en que los mercados de renta variable global solían devaluarse de forma conjunta en períodos críticos.

Podemos observar en parte esta situación en el gráfico 2. Las barras verdes muestran el número de semanas de cada año natural en que el precio del mercado de EE. UU y del resto del mundo (MSCI AC World ex-US) cayeron por debajo del 1%. Las barras de color naranja representan las semanas en que el resto del mundo cayó más del 1%, pero no EE. UU.; y las barras de color violeta indican solo las etapas de descenso del mercado estadounidense.

Desde la crisis financiera, ha sido más habitual que el descenso fuera común, EE. UU. y el resto del mundo, durante semanas, que no de forma independiente. Sin embargo, durante el año 2018, el mercado estadounidense parece ser inmune a la debilidad que se observa en otras latitudes. En este período, ha sido más frecuente que el resto del mundo descendiera por su cuenta.

La tendencia a largo plazo: relativamente justificada

Esta dinámica es totalmente comprensible teniendo en cuenta el flujo de noticias predominante. La reciente rentabilidad superior del mercado estadounidense (representada a continuación por la línea oscura) indica una tendencia más larga, en concreto una que no se debe al comportamiento innato.

Algunos alegan que los inversores han sido seducidos por las acciones de las tecnológicas, o bien que han tenido miedo de valoraciones más baratas en otras partes del mundo, pero la verdad es que EE. UU. simplemente ha generado más beneficios desde la crisis financiera (línea roja a continuación).

Por lo tanto, deberíamos ser precavidos a la hora de intentar definir esta rentabilidad superior como señal de una posible burbuja. Con todo, no deberíamos dejar de buscar signos de cambio en las percepciones de riesgo. En concreto, ¿podría ser que la «burbuja» del mercado de renta variable de EE. UU no se debiera al entusiasmo que sienten los inversores por ella, sino a que la consideraran la «única opción disponible»?

Percepciones de riesgo, frágiles convicciones y burbujas

Son muchos los que hace algún tiempo que describen la situación del mercado de renta variable estadounidense como una burbuja, sobre todo basándose en métricas de valoración, en concreto en el ratio del precio-beneficios de Shiller (que tiene varios problemas en sí mismo, y se suponía que debía «abaratarse» este año incluso cuando no se han producido recortes fiscales ni aumento de las ganancias).

Es cierto que se ha abierto una brecha considerable en relación con las valoraciones entre EE. UU. y el resto del mundo.

Este dato en sí mismo podría pronosticar unas rentabilidades futuras más bajas de las que han disfrutado los inversores durante los últimos años, pero no basta para indicar una vulnerabilidad tal que haga prever una quiebra inminente. Para lo anterior, necesitaríamos tener en cuenta la naturaleza de las convicciones de mercado.

Para aquellos que creen en la existencia de la burbuja (son muchos los que la niegan al menos en una forma en que se pueda rentabilizar), se produce la aceptación implícita del papel de la psicología humana en los mercados. Los que intentan calificar cómo se forman las burbujas (aquí hay un buen resumen de enfoques) emplean términos como «excitado», «eufórico», «exuberante» o «maniac».

Los precios de los activos se mueven cuando las convicciones colectivas cambian de forma masiva. Esto puede ser debido a que los hechos cambian, pero según muchas teorías acerca de la formación y posterior explotación de las burbujas, ocurre porque las convicciones eran frágiles desde el principio. Los inversores, motivados por las rentabilidades que acaban de obtener, o bien no se acaban de creer la historia fundamental detrás de un activo, o bien se autoconvencen de que el único escenario posible es uno sumamente optimista. Las métricas de valor de forma independiente solo ofrecen una perspectiva limitada dentro del papel que desempeña el sentimiento.

¿Crisis de fe en la seguridad?

¿Es posible que las convicciones sean frágiles, no solo por un optimismo desmedido o por la búsqueda de rentabilidades, sino simplemente porque un activo se considere la «única opción disponible»? En un mundo preocupado por China, la guerra comercial, los mercados emergentes y las consecuencias de la subida de los tipos en los bonos con rendimientos bajos y otros activos, algunas declaraciones y comportamiento de los precios recientes han conllevado que el mercado de renta variable estadounidense sea considerado por algunos como el único puerto seguro. Este sentimiento podría amplificarse en un mundo de análisis comparativo real o de hecho. Teniendo en cuenta que el mercado estadounidense representa una parte considerable del universo de renta variable global, la preocupación de no poseerlo o de obtener malos resultados en fases como la que acabamos de vivir probablemente ha aumentado.

Esto podría ser peligroso. Si los inversores consideran el mercado de renta variable estadounidense como un «lugar para esconderse», es menos probable que se queden hasta el final cuando se les recuerde el riesgo que entraña. Pese al sólido rendimiento del mercado de la renta variable de EE. UU. este año, vale la pena recordar que la situación fue muy distinta el primer trimestre; solo hizo falta una pequeña señal de inflación salarial para provocar debilidades importantes en febrero e incluso las FAANG han mostrado signos de debilidad.

Hoy en día, mucho debería cambiar el sentimiento hacía los EE: UU. para que ocurriera algo parecido a lo que sucedió con la burbuja tecnológica (o con el bitcoin a finales del año pasado). Con todo, las actitudes cambian muy deprisa (recordemos el optimismo de muchos ante los mercados emergentes de principios de año). Si los inversores empezaran a apostar por un activo por su aparente seguridad (o falta de alternativas), esto podría ser el primer paso hacía una complacencia más peligrosa.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.