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Instantánea Episode: aplazamiento de la votación sobre el Brexit y pugna por el liderazgo

Esta semana ha habido un cierto clamor sobre el tema favorito del todos por lo que respecta al Reino Unido: el Brexit y la situación política han vuelto una vez más a acaparar los titulares.

Ante tanta cobertura mediática, he creído conveniente recapitular (brevemente) lo que incide en nuestra opinión al respecto y cómo podríamos empezar a valorar la importancia de los últimos acontecimientos.

Antes de eso, creo que vale la pena tener en cuenta dos posturas posibles que podían adoptarse al analizar el Brexit desde que se conoció el resultado del referéndum de 2016. Por un lado, podríamos haber seguido cada tira y afloja del proceso, estando al corriente de los comentarios, el rumbo de las negociaciones, las disputas políticas dentro y fuera del Reino Unido… O bien, por otro lado, podríamos haber optado por ignorar totalmente los entresijos.

Independientemente de la postura adoptada, costaría mucho encontrar diferencias en el grado de conocimiento útil hoy con respecto al día después del referéndum.

Como inversores, y con una buena dosis de información, podríamos convencernos a nosotros mismos de que movimientos del mercado como las caídas de la libra esterlina tras el referéndum y más recientemente eran evidentes y previsibles.

Pero hay que tener cuidado de no caer en la tentación. Aparte de los riesgos de nuestra propia tendencia a reinventar la historia, debemos preguntarnos por qué los mercados habrían ofrecido tal regalo. Si «todo el mundo sabía» que la libra esterlina iba a caer, probablemente ya lo habría hecho.

¿Qué es lo importante de verdad?

De todo esto, creo que la única pregunta relevante que hay que tener en cuenta con respecto al Brexit es hasta qué punto el futuro entorno comercial del Reino Unido ha cambiado (o cambiará) a largo plazo.

Y, por supuesto, la respuesta evidente a esta pregunta es que no lo sabemos. Sin embargo, si consideramos las probabilidades, podemos formular algunas hipótesis. Dado que el referéndum se convocó por lo que parece haber sido conveniencia política a corto plazo (abordar un revoltijo de cuestiones económicas y sociales y un deseo político de ser «duros con la inmigración») más que un cambio ideológico en detrimento de la idea de que las relaciones comerciales externas eficientes son algo positivo, parece más probable que no que, independientemente de los acuerdos comerciales que la economía británica acabe negociando, el principio fundamental será un compromiso con el comercio más que una restricción.

Por tanto, solo si me obligan a dar una «opinión sobre el Brexit», diría que la probable meta final (es decir, la cuestión pertinente que importa) no dista enormemente de la situación actual (indudablemente peor en algunos aspectos y mejor en otros). Todo lo demás, y probablemente habrá mucho más, son conjeturas.

Entonces, ¿cómo encaja en todo esto el aplazamiento de la votación del martes? Depende de si la respuesta a nuestra pregunta pertinente (sobre la ideología del comercio) ha cambiado. Y eso tampoco lo sabemos, pero me parece justo pensar que «no mucho», incluso en un escenario de «Brexit duro» que provoque una disrupción a corto plazo (tanto intrascendente como grave), no está claro que una «mala salida» cambiará la configuración comercial general del Reino Unido a largo plazo.

El contexto político

Creo que la otra cuestión más importante es hasta qué punto el último movimiento con respecto al liderazgo en el Partido Conservador aumenta las probabilidades de un Gobierno contrario al capital. Evidentemente, tampoco tenemos una respuesta para esto, pero creo que probablemente aumenta las posibilidades de que suceda (con un Gobierno laborista), aunque siguen siendo bajas.

Para ello, me remito a las últimas encuestas de opinión que dan al Partido Conservador un 40% de los votos y un 35% al Partido Laborista; además, a la pregunta sobre a quién preferirían como primer ministro, Theresa May obtiene un 36%, frente al 23% de Jeremy Corbyn. La última encuesta es de finales de noviembre, por lo que es posible que la situación haya cambiado, pero si el Partido Laborista ha sido incapaz de convencer a la gente de que sería una mejor alternativa a un Gobierno que para muchos lucha por mantenerse a flote, cuesta creer que de pronto estén a un paso de llegar al poder.

Reflexiones de los inversores

En los mejores momentos, a los seres humanos les cuesta admitir que hay cosas que simplemente no podemos saber con certeza. Y es aun más difícil cuando se trata de cuestiones emotivas.

Sin embargo, invertir con éxito supone poder evaluar bien las probabilidades y, por lo que respecta a los principales errores que cometen la mayoría de los inversores, a menudo el origen es un exceso de confianza sobre lo que deparará el futuro y no una falta de confianza. Pocos echan la vista atrás a sus errores de inversión y se quejan de que fueron «demasiado humildes».

Por tanto ¿qué debemos hacer? Los mismo que antes: estar atentos a fuertes movimientos de precios como posibles oportunidades. Los movimientos de los Gilts británicos han sido especialmente importantes. El precio de los Gilts a 30 años ha subido considerablemente en los últimos días, de modo que las rentabilidades (TIR) se han situado en el 1,7% sin tener en cuenta la inflación.

La libra esterlina ha caído a su nivel más bajo con respecto al dólar desde principios de 2017. Sin embargo, cabe destacar —ante la cantidad de comentarios sobre la divisa que surgen con cada tira y afloja del Brexit— que en los últimos cinco días solo ha variado un 1%, sin ser ni mucho menos una de las mayores variaciones globales.

En general, estos movimientos apenas han provocado cambios significativos. Es normal que nos sentamos incómodos debido al pánico que destila gran parte de las noticias en el Reino Unido ahora mismo, pero debemos resistir la tentación de que esto influya en la toma de decisiones de inversión.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.