Artículo

¿Podría la previsión del FMI de desaceleración del crecimiento ser una buena señal que favorezca a la renta variable?

A principios de esta semana, el FMI publicó sus perspectivas económicas, que supuso el estreno de la recién nombrada Gita Gopinath, la primera mujer economista jefe del FMI.

Esta afirmó que «aunque en 2018 el crecimiento global se mantuvo próximo a los máximos posteriores a la crisis, la expansión global se está debilitando». En efecto, la desaceleración del crecimiento ha causado cierta sorpresa y los datos de alta frecuencia (principalmente los índices PMI) han seguido decepcionando hasta en el nuevo año.

Las últimas previsiones del crecimiento del FMI han sido ajustadas ligeramente, con una desaceleración del crecimiento global de aproximadamente un 0,2%, hasta el 3,5% en 2019, debido principalmente al lastre de las economías avanzadas (Alemania, Italia y Francia en particular).

Por supuesto, todos deberíamos saber a estas alturas que estas previsiones resultan muy poco útiles. Afirmar esto no supone un ataque al FMI, sino simplemente reconocer que hasta qué punto son imposibles dichas previsiones, independientemente de quién las haga (como Greg Ip escribió ayer «En Davos, el problema es que nadie sabe nada»).

Sin embargo, aunque quizás habría que ignorar las previsiones en sí, podría decirse que las perspectivas del FMI constituyen un indicador útil de la opinión de consenso en los mercados actualmente, ya que reflejan nuestros propios temores o esperanzas.

Riesgos políticos: enfoque alentador en las «incógnitas conocidas»

Curiosamente, Gopinath también dedico tiempo a describir los posibles riesgos para las perspectivas y sugirió que los riesgos bajistas no obedecen a motivos económicos o financieros (como un apalancamiento corporativo elevado, la excesiva deuda de los mercados emergente o el descenso de los beneficios), sino principalmente políticos. Las tensiones comerciales, la situación política italiana, el Brexit y el cierre federal estadounidense fueron los factores mencionados como posibles fuentes de nuevo declive del crecimiento global.

¿Cuánto podemos saber sobre la evolución de estos acontecimientos políticos? Y, lo que es más importante, ¿nos ofrece el mercado de renta variable la remuneración suficiente para asumir esos riesgos actualmente?

Podría decirse que para los inversores debería resultar alentador cuando los participantes del mercado empiezan a centrarse en las peores hipótesis de cuestiones que son «doblemente desconocidas», tanto por lo que respecta a los resultados como al impacto de dichos resultados en el sistema financiero.

Lo que sí sabemos es que, desde principios de 2018, la rentabilidad del beneficio del índice MSCI All Country World ha aumentado más de un 1,5%, hasta aproximadamente el 7,5%. Debido a esos mismos temores descritos por el FMI, los precios reflejan ahora que a los inversores se les ofrece un 1,5% cada año para afrontar dichos riesgos políticos y de otro tipo (al menos en teoría, que no en la práctica).

En algunos mercados, como Japón, percibimos un 2,5% más que hace un año y las valoraciones son las más bajas desde la crisis de la zona euro. Por cierto, las perspectivas de crecimiento del FMI para la economía japonesa en 2019 han aumentado un 0,2% con respecto a las del pasado mes de octubre, ¡hasta el 1,1%!

Más allá de la política

Ante el deterioro de las perspectivas de crecimiento y los nuevos riesgos bajistas, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, lanzó un mensaje firme y exhortó a las instituciones políticas a resolver algunos de los problemas políticos más apremiantes actualmente, así como a generar resistencia, mejorar la inclusión y fomentar la colaboración entre los países.

De ser así, los mercados de renta variable podría recuperarse más de lo que ya lo han hecho en enero. El contexto parece ser más favorable de lo que la confianza indica: los datos económicos no apuntan todavía a una desaceleración sostenida (lo contrario que cíclica), el mercado laboral sigue mejorando en muchos países y las perspectivas de la inflación siguen siendo favorables.

Esta situación puede empeorar claramente, pero ahora recibimos una mayor remuneración por ese riesgo, incluso en algunas partes del mercado de renta fija. Si la incertidumbre sobre los problemas políticos remitiese, la mejora de la confianza podría generar posibles rentabilidades importantes en los mercados de renta variable.

Que esto suceda o no probablemente no depende del FMI, ni esta institución podría predecirlo.


El valor de las inversiones fluctuará, por lo que el precio de los fondos puede subir o bajar, y es posible que no recupere la inversión inicial.