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Los bancos centrales deberían pensar en regalar dinero a la gente

El artículo siguiente apareció publicado originalmente en el Financial Times.

En el pasado, los bancos centrales fijaban el precio del dinero mediante los tipos de interés. En el futuro, parece que lo van a regalar. Esta semana, la Reserva Federal estadounidense rebajó los tipos de interés un cuarto de punto porcentual, hasta el 2,25%.

El presidente de la Fed, Jay Powell, hizo una labor admirable al presentarlo como algo normal. Pero el mundo de los bancos centrales se está adentrando en territorio inexplorado y potencialmente peligroso. La siguiente fase requerirá mucha habilidad política y coraje intelectual.

Con los tipos de interés actualmente positivos, EE. UU. parece una anomalía. En la eurozona, Suiza, Japón y los países escandinavos, los tipos de interés son negativos. Si tenemos en cuenta que en las anteriores recesiones la Fed rebajó los tipos de interés entre 4 y 5 puntos porcentuales, esta perspectiva tampoco estaría muy lejos para la Fed.

La mera idea de unos tipos de interés negativos confunde a la mayoría de las personas y muchos economistas creen que los efectos son contraproducentes. Los responsables de los bancos centrales se apresuran a señalar que han desarrollado una serie de herramientas desde la crisis de 2008, con términos tecnócratas y poco elegantes como forward guidance (previsiones futuras) y quantitative easing (expansión cuantitativa).

Esto conlleva intentos de reducir los tipos de interés. Las previsiones futuras tratan de mantener los tipos de interés bajos durante más tiempo y la expansión cuantitativa es un intento de utilizar las compras de activos para reducir el tipos de interés de la deuda pública, una referencia para el endeudamiento a largo plazo del sector privado. De un modo u otro, el problema es el mismo. Cuando los tipos de interés ya están tan bajos, las nuevas rebajas resultan ineficaces.

¿Qué va a ser lo próximo que suceda con la política monetaria? Una opción es pasar el testigo a las autoridades fiscales. Es lo que sugirió la semana pasada Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, al afirmar que era «incuestionable» que harían falta medidas fiscales si la economía de la eurozona sigue deteriorándose. El ministro de Hacienda alemán, Olaf Sholz, enfrió rápidamente esta sugerencia. Un respaldo inminente de la política fiscal no parece más que meras ilusiones.

Si los tipos de interés ya no dan resultado y los ministros de Hacienda no son aliados de fiar, ¿quién salvará la situación? ¿Y cómo lo hará, si la actual recesión del comercio global se torna en algo más perjudicial? Tres propuestas novedosas están ganando apoyos y todas ellas consisten en dar dinero a la gente.

La primera, que supone literalmente que los bancos centrales envíen cheques a las familias, se detalla en un fantástico nuevo libro, The Case for People’s Quantitative Easing, del economista Frances Coppola. La lógica es aplastante. El Gobierno australiano envío dinero a las familias durante la crisis financiera y Australia esquivó la recesión. De acuerdo con las propuestas de Coppola, el banco central financiaría las transferencias creando dinero electrónico, igual que hace con la expansión cuantitativa. Un problema de esta idea de sentido común es su simplicidad, que casi nunca atrae a los economistas responsables de tomar decisiones importantes. También plantearía retos legales y administrativos. En EE. UU. y el Reino Unido desde luego, esta política probablemente exigiría nuevas leyes, pero no así en la eurozona. Por ahora, solo el Banco Central Checo ha indicado que podría adoptar esta política cuando llegue la próxima recesión. La innovación proviene a menudo de sitios sorprendentes.

Otra política, ya puesta en marcha por el Banco de Japón y defendida recientemente por un gestor de fondos de la gestora de inversión BlackRock, es que los bancos centrales piensen en entregar dinero a los propietarios del mercado bursátil comprando acciones. Como es lógico, muchos se resisten a la idea de que los accionistas sean los beneficiarios más merecedores de esta generosidad de los bancos centrales. Otra idea más benévola es que la subida de los precios de las acciones animaría a las empresas a aumentar el gasto en inversión.

La idea más fascinante y viable en la práctica de todas proviene de donde menos se espera, el BCE: las denominadas TLTRO (operaciones de refinanciación a largo plazo condicionadas). Para entendernos, se trata de una política de tipos de interés duales que conlleva dar dinero tanto a prestatarios como a ahorradores.

Al contrario que las otras novedades monetarias adoptadas desde la crisis, es casi seguro que los tipos de interés duales aumentarían el gasto y la actividad económica. ¿Cómo funcionan? En cualquier economía, hay dos tipos de interés que de verdad importan para las familias: el tipo de interés que pagan por los préstamos y el tipo que reciben por sus ahorros. Uno de los problemas de reducir los tipos de interés, sobre todo con los tipos de interés negativos, es que las familias ven reducidos sus ingresos por intereses de sus ahorros.

¿Qué sucede entonces si el banco central decide reducir el tipo de interés que los prestatarios pagan por sus préstamos y eleva el tipo de interés que las familias reciben por sus ahorros? Esto es exactamente lo que prevé hacer el programa del BCE. Pueden rebajar el tipo de interés al que prestan a los bancos, siempre y cuando estos préstamos lleguen al sector privado, y pueden elevar el tipo de interés que se paga por los depósitos. La historia económica y la simple lógica indican que si se aumentan así los ingresos de las familias, las economías se recuperarán.

Si economía de la eurozona sigue debilitándose significativamente, la próxima presidenta del BCE, Christine Lagarde, tendrá que hacer frente una serie de decisiones interesantes. Podría tener el mejor de los trabajos: dar dinero a la gente. Pero la resistencia institucional a soluciones monetarias simples, transparentes y directas parece ser tal que, si lo hace, Lagarde se enfrentará también al mayor obstáculo político de su carrera.


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